Tiempos de pandemia y de crisis de la civilización capitalista

Gabriela Roffinelli

Mucho se ha escrito en estas semanas acerca de la pandemia del COVID-19 y de sus correlatos económicos, políticos y sociales. Sin duda, la pandemia nos ha enfrentado a la naturaleza profundamente inhumana del orden social capitalista. La pregunta es si la constatación de la barbarie a la que estamos siendo arrastrados alcanzará para movilizarnos y aplicar el “freno de emergencia”, como alertaba W. Benjamin.

La pregunta es si la constatación de la barbarie a la que estamos siendo arrastrados alcanzará para movilizarnos y aplicar el “freno de emergencia”

Si bien, por ahora, nos falta mucha información acerca del origen del COVID-19, es seguro que la pandemia es producto de la crisis capitalista: a) de las décadas de políticas de ajuste que han desmantelado los servicios públicos de salud y de investigación médica y farmacológica en la gran mayoría de los países (donde los hubo, claro está) y b) de la expansión de relaciones sociales de producción, distribución y consumo regidas por las exigencias de valorización del capital, no por mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población, sino basadas en su creciente explotación.

La mayoría de los países, donde se desmantelaron y mercantilizaron los servicios de salud pública, tuvieron poca capacidad de reacción frente a la pandemia, dado el precario estado de los centros de salud: falta de camas, respiradores, mascarillas, guantes y, fundamentalmente, la reducción de las plantillas del personal de la salud.  Se multiplican en varios países los testimonios desgarradores de médico/as y enfermero/as que nos dicen, por ejemplo, que ante la falta de respiradores “elegimos a quién tratar y quién no, según la edad y las condiciones de salud”.  Y todavía no tenemos casi información acerca de cómo se desarrolla el COVID-19 en sociedades como las africanas con sistemas de salud inexistentes, sin infraestructuras básicas, cuyas poblaciones padecen años de desnutrición crónica y de convivencia con enfermedades, como la malaria, el sida, la tuberculosis y otras enfermedades tropicales. La ONU estima que el coronavirus podría ocasionar en esa región hasta 300 mil muertos y arrastrar a 27 millones a la pobreza extrema.

Situación que se agrava, además, por el desmantelamiento de la investigación médica pública que ha quedado en manos de laboratorios privados, es decir bajo criterios de rentabilidad no bajo criterios de bien público. Los oligopolios de la industria farmacéutica no tienen interés en realizar investigaciones no rentables sobre las enfermedades infecciosas que, hasta ahora, afectaban mayormente a los pobres del continente africano y asiático.

En EUA, de las 18 grandes compañías farmacéuticas, 15 han abandonado por completo el campo de la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos y antivirales.  Se orientan a campos más rentables, como las medicinas para el corazón, los tranquilizantes adictivos y los tratamientos para la impotencia masculina. (Davis, La Jornada 13/04/20).

Pero decíamos al comenzar, la pandemia se consecuencia del desmantelamiento de los servicios públicos de sanidad y del abandono de las investigaciones médicas en pos de su mercantilización, pero también de la propia mundialización de las relaciones de producción capitalista, que encierran una dinámica de destrucción (no solo por guerras) que pone en peligro los fundamentos naturales de la vida humana en el planeta.   

Por un lado, las prácticas productivas se hacen cada vez más con base en el despojo del medio ambiente, con la contaminación del aire, el agua potable, los suelos, el calentamiento global, la destrucción de los ecosistemas y de la biodiversidad que multiplican las catástrofes mal llamadas “naturales”: sequias, inundaciones, incendios incontrolables, huracanes, etc. etc. Por otro lado, la mundialización capitalista multiplica, no sólo la circulación de capital y mercancías, sino también de enfermedades, de virus y de bacterias a una velocidad inusitada y, como señalan los biólogos Lewontin y Levins, si el sistema público de salud de una nación ya ha sido diezmado por el ajuste estructural de la economía, entonces la explicación completa de la epidemia incluye al virus y al Banco Mundial.

En estos días, el FMI pronostica que la crisis global económica del coronavirus será la más profunda desde la Gran Depresión.  Según su presidenta, Georgieva “hoy, el mundo teme el peor derrumbe económico en 80 años, en una crisis sanitaria y económica a la vez, que afecta al lado de la oferta y de la demanda, y que ha castigado a todas las grandes potencias. Una crisis como ninguna otra”.

En los artículos publicados en la anterior edición de Nuestra América XXI y en el Observatorio de COVID-19 de CLACSO, compañeros del GT de Crisis y Economía Mundial, como Katz, Guillén, Gambina, Días Carcanholo, Rojas y Arrizabalo, entre otros, señalaban con abundantes datos que la actual crisis mundial no la produjo la pandemia, sino que ésta adelantó la crisis en curso, cuyas raíces se encuentran en los límites históricos que enfrenta el capital global para su valorización.  Asimismo, se pone en evidencia que entraron en crisis las políticas de liberalización del orden capitalista, llamadas neoliberales, que fueran la respuesta de las clases dominantes ante la crisis de rentabilidad de los grandes capitales a fines de los años 60 y comienzos de los 70.

¿Cómo será el día después de la pandemia? Los representantes del establishment económico mundial proponen una mayor intervención del Estado para paliar la crisis. La editorial del Financial Times pide “reformas radicales”. Y, en el Washington Post, McArdle pide: “Subsidiar todo”.  ¿Pero es factible pensar en un cambio de rumbo pos pandemia en el sentido de reeditar estrategias fiscales redistributivas? Resulta legítimo preguntarse si los poderes dominantes del capital mundial, regidos por lógica de superar los problemas de rentabilidad, ¿estarían dispuestos “por buena voluntad” a la aplicación de políticas distributivas? O ¿sólo están pidiendo un salvataje para las grandes empresas (frente a sus competidoras chinas) como aconteció durante la crisis de 2007/2008?

La crisis del capitalismo no es una crisis económica, financiera y sanitaria coyuntural, sino una crisis del sistema en su conjunto.  Una crisis civilizatoria de sociedades que se constituyen sobre relaciones sociales regidas por la lógica de los negocios, por la maximización de la rentabilidad del capital.  En palabras de Marx, de sociedades en donde individuos recíprocamente indiferentes constituyen su nexo social a través del dinero.

En estos días, el modelo de sociedad capitalista por antonomasia, Estados Unidos, muestra imágenes dramáticas de fosas comunes con miles de muertos y una total desaprensión por el cuidado de los pobres que no pueden pagar los servicios de sanidad.   Al mismo tiempo, la principal potencia imperialista, como parte de sus criminales intentos por lograr su recomposición económica y política en la hegemonía mundial, profundiza su presencia militar en Nuestra América, envía tropas a las fronteras de Venezuela y mantiene el bloqueo criminal contra Cuba. En contraste, la isla envía médicos a Italia, España, Haití y muchos otros países.

La crisis se descargará sobre las poblaciones laboriosas, que sufriremos, aún más, la explotación laboral, la desocupación, la marginación, el deterioro de las condiciones de vida, la pérdida de derechos sociales y el despojo de nuestros bienes comunes. En estas semanas asistimos a reducciones de salarios, suspensiones masivas, aumento del desempleo, aumento de los índices de pobreza e indigencia a nivel global. Es posible que muchos gobiernos pretendan afianzarse, en una clara deriva conservadora, con más control social a través de la tecnología, pero también con fuerzas represivas en las calles.

Las rebeliones populares, no es que sigan latentes, sino que se mantienen pese a las mayores dificultades con el aislamiento preventivo

Pero nada es definitivo. Las rebeliones populares, no es que sigan latentes, sino que se mantienen pese a las mayores dificultades con el aislamiento preventivo, como los episodios en Argentina de protestas de trabajadores frente a los despidos de empresas y de  movilizaciones en demanda de alimentos para asistir a los comedores populares, en Italia o España los trabajadores que se niegan a trabajar sin las medidas de protección básicas o en Colombia con las protestas de los trabajadores informales en reclamo de apoyos económicos por parte del gobierno. Y seguramente irán en aumento frente a la magnitud de la crisis en curso.

La crisis (económica y sanitaria) hace palpable que nos encontramos ante el abismo capitalista.   Hoy más que nunca, socialismo o barbarie.

Ante las salidas gatopardistas de las clases dominantes, urge la acción organizada e independiente de los de abajo en pos de una vida digna para las grandes mayorías.  La crisis (económica y sanitaria) hace palpable que nos encontramos ante el abismo capitalista.   Hoy más que nunca, socialismo o barbarie.

Gabriela Roffinelli, argentina, coordinadora del GT de Crisis y Economía Mundial. Miembro de SEPLA y FISyP.

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