Estados Unidos: La crisis, la pandemia y la contienda presidencial

Jorge Hernández Martínez

Foto: Alainet

Estados Unidos vive entre crisis recurrentes, en el contexto de la crisis más amplia experimentada por el sistema capitalista, desde fines de la década de 1960 y mediados de la siguiente, cuando alcanzó su mayor expresión, abarcando a la sociedad norteamericana en todas sus dimensiones, hasta la que a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en ese país, impacta a toda la sociedad internacional y empalma con las conmociones ulteriores, derivadas de la recesión de 2007-2009, con efectos que trascienden el corto y el mediano plazo.
La lectura de varios análisis recientes, y la relectura de textos de obligada referencia en el reiterado ejercicio docente e investigativo, motivan las presentes notas. Así, queda claro que cuando se habla de la crisis, se trata de una suerte de un proceso inconcluso, cuyo movimiento, a manera de espiral, incluye, unas tras otras, nuevas crisis, que nacen dentro, o a la luz de, aquella, la que resuena en 1974-1976, habitualmente comparada con la Gran Depresión de 1929-1933. Lo que sucede hoy, según lo afirma Julio Gambina en un trabajo publicado este año en el número 42 del boletín Nuestra América XXI, Desafíos y Alternativas, de CLACSO, es que “ahora estamos en pleno despliegue de una crisis mundial del neoliberalismo, con la novedad que se discute quién hegemoniza el nuevo orden mundial”.

Estados Unidos vive entre crisis recurrentes, en el contexto de la crisis más amplia experimentada por el sistema capitalista, desde fines de la década de 1960 y mediados de la siguiente


La crisis y el ciclo, de ayer a hoy

La secuencia y las secuelas de las crisis en Estados Unidos recuerdan la consideración marxista, de que el sistema capitalista no sólo se reproduce cíclicamente con sus recesiones periódicas, sino aún más, la preeminencia de lo político sobre lo económico, según lo advirtiera Lenin en uno de sus más conocidos trabajos en los que polemizara con Trotsky y Bujarin sobre los sindicatos. En su desenvolvimiento confluyen factores subjetivos, asociados a las relaciones de poder, entre las clases dominantes y las dominadas y a la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo.
Esta idea, junto a la planteada por Marx en la Contribución a la crítica de la economía política acerca de la crisis estructural en términos de largo plazo, es particularmente útil a la hora de definir el carácter de la crisis global norteamericana en el siglo XXI a partir de su manifestación en el período 2007-2009 y de su repercusión, en la medida en que además de haber puesto en duda los fundamentos del modelo neoliberal, mostraría la insuficiencia del mercado autorregulado como sustento del proceso de acumulación de capital en esta etapa.
Según lo señalara Jaime Ornelas en su capítulo del libro colectivo Estados Unidos más allá de la crisis, coordinado por Dídimo Castillo y Marco Gandásegui, la magnitud y profundidad de esa crisis estaría determinada por la coincidencia de una crisis cíclica estructural en un entorno globalizado, lo cual conllevaba nuevos problemas, en tanto la superación de la fase crítica del ciclo se realizaría con base en una nueva modalidad de acumulación, sustentada en una relación diferente entre Estado y mercado, para reiniciar el crecimiento de la economía real.
Desde esta perspectiva, los ciclos económicos y las etapas de crisis deben apreciarse como parte de la historia de reconfiguración del sistema capitalista.

Las elecciones de 2020 y la crisis dentro de la crisis

A mediados del año 2020, la sociedad norteamericana se encuentra en la antesala de las esperadas elecciones. En esta ocasión, la coyuntura electoral tiene lugar en medio de una crisis que aún reeditaba síntomas no curados de la antes mencionada, visibles en diferentes planos con independencia y anterioridad a la pandemia, pero que como precisara Valeria Carbone en la revista digital Huellas de Estados Unidos, de la Universidad de Buenos Aires, era profundizada por ésta. Y la crisis, coincidiendo con Josefina Morales, en un artículo aparecido en el sitio Abarlovento informa. Contra viento y marea, es integral, debiendo enfatizarse su dimensión financiera, en términos de sus implicaciones para el endeudamiento público, las empresas y hogares, la deflación con tendencia al estancamiento, como señala Arturo Guillén, y el impacto de la confrontación de Estados Unidos con China, que alcanza el ámbito monetario, todo lo cual gravita sobre la situación interna.
La nación palpita bajo los efectos de los medios de comunicación, que manipulan e incluso, crean, imágenes que llegan a ser tan importantes como la realidad misma. En ese sentido, a diferencia de otros comicios, al tema de los candidatos, el único que suele ser atendido en esas coyunturas, se añade el de la pandemia.
Trump ha navegado entre críticas y adhesiones, siendo absuelto del juicio político al que se le sometió. Los republicanos han permanecido divididos y no cuentan con una agenda compartida, aunque de cara a los comicios se proyecten con cierta coherencia, en función del interés en lograr la permanencia de su partido en la Casa Blanca. Los demócratas han aprovechado la oportunidad brindada por la pandemia y el errático manejo del presidente, aunque en rigor, no disponían de un proyecto alternativo, de recuperación nacional. Su bajo nivel de iniciativa, hasta la reciente crisis, catalizada por la pandemia, no ha satisfecho las expectativas de los que ansiaban un cambio verdadero, en condiciones tan difíciles como las que vive hoy el país, que se ha visto sacudido por la COVID-19. La figura de Biden se ha situado como una alternativa electoral cada vez más viable, y ya se ha convertido en el candidato oficial demócrata.

A ello se suman estremecimientos sociales de grandes proporciones, asociados a reacciones masivas de protesta contra hechos recientes de violencia policial y racismo […] Pero no se pierda de vista que en Estados Unidos, los procesos electorales no están concebidos ni diseñados para cambiar el sistema, sino para mantenerlo, consolidarlo y reproducirlo.

La crisis dentro de la crisis

Estados Unidos se encuentra en un nuevo momento en la crisis estructural sistémica, en la que confluye la crisis sanitaria y la concomitante recesión económica, prefigurada desde hace un tiempo, pero ya definida. Esta última es resultado de fenómenos acumulados y del efecto catalizador de la pandemia, dentro de los marcos del sistema, que una vez más muestra, como lo destaca William Robinson en un artículo publicado recientemente en La Jornada, el carácter cíclico de su crisis, que es también de legitimidad. Estados Unidos existe en el espacio, el tiempo y las crisis.
Los resultados de los comicios de 2020 no conducirán a un período que recomponga equilibrios y consensos, que redefina las relaciones entre Estado y mercado, capital y trabajo. La envergadura de los problemas augura una persistencia de las secuelas de varias crisis, contenidas unas dentro de otras: la política, la cultural y la económica estructural, cuyo desenvolvimiento cíclico parece indicar una depresión prolongada y una recuperación lenta, agravada por la crisis epidemiológica y sanitaria vinculada a la pandemia. Como lo sintetizó Arturo Guillén en el número 43 del boletín Nuestra América XXI, Desafíos y Alternativas, “la pandemia fue solamente el detonador de la crisis económica, no su causa de fondo. En realidad, el capitalismo arrastra desde hace medio siglo una tendencia al estancamiento, que se profundizó con la gran crisis de 2007-2008”. A ello se suman estremecimientos sociales de grandes proporciones, asociados a reacciones masivas de protesta contra hechos recientes de violencia policial y racismo, cuya magnitud y permanencia pueden extenderse y agravar el contexto de crisis descrito, signado también por elecciones. Pero no se pierda de vista que en Estados Unidos, los procesos electorales no están concebidos ni diseñados para cambiar el sistema, sino para mantenerlo, consolidarlo y reproducirlo.

Jorge Hernández Martínez: Cuba, GT Estudios sobre Estados Unidos, profesor del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU), Universidad de La Habana.