Crisis Sobre Crisis en el Salvador

Hilary Goodfriend

Fuente: Infobae

En un inicio, las medidas tempranas y extremas declaradas por el gobierno de El Salvador frente a la pandemia de COVID-19 en el mes de marzo fueron celebradas por medios internacionales como oportunas y ejemplares. El joven presidente Nayib Bukele esperaba restaurar su imagen tras la crisis constitucional manifestada el 9 de febrero, cuando su incursión con las Fuerzas Armadas a la Asamblea Legislativa revivió los recuerdos más dolorosos del pasado dictatorial.
No obstante, después de cuatro meses de cuarentena militarizada, la famosa curva no se aplanó y la población trabajadora se encuentra desprotegida frente a un virus descontrolado, una economía colapsada y una extraordinaria disfunción gubernamental.

El presidente ‘milenial’

Antes de la pandemia, la sociedad salvadoreña ya vivía una situación precaria. La pequeña economía dolarizada, exportadora de mano de obra barata para EE.UU., está marcada por la desigualdad y la informalidad. La clase trabajadora carga con las consecuencias de la violencia y extorsión de pandillas, la migración y deportación masiva, los feminicidios, y la degradación ambiental —temas que, a su vez, han engendrado resistencias y movimientos importantes.
La polémica gestión de Bukele, quien en 2019 venció tanto al partido gobernante de la ex-guerrilla como a la derecha tradicional, ha llevado al país de crisis en crisis. Heredero de una familia palestina millonaria, hizo campaña como un renovador populista post-ideológico contra una clase política corrupta y decadente. No obstante, su gobierno se ha caracterizado por la improvisación, la desinformación, el nepotismo y el autoritarismo, con retrocesos fuertes para los derechos humanos y la frágil institucionalidad democrática salvadoreña, establecida por los Acuerdos de Paz de 1992.
Bukele gobierna a través de Twitter, donde mantiene una postura beligerante, apelando al militarismo y al cristianismo evangélico. Ha colocado a la prensa, las organizaciones de derechos humanos, los legisladores, los magistrados, las maras y al virus en una creciente lista de enemigos del pueblo.
Su gobierno desmanteló las modestas reformas sociales implementadas por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, eliminando a Secretarías como la de Inclusión Social, que velaba por los derechos de las mujeres y la población LBTI y administraba apoyos para víctimas del conflicto armado, así como la de Planificación Estratégica. También abandonó programas territoriales como los Equipos de Salud Familiar y el Sistema de Protección Civil —con consecuencias trágicas en el marco de la pandemia y las tormentas tropicales recientes. En cambio, invirtió cantidades sin precedentes en la publicidad —presupuesto que se mantiene aún durante la crisis sanitaria— y redobló la represión militarizada en las cárceles y las calles. Dejó vacíos los puestos de gobernadores, centralizando el poder en el ejecutivo. En la política exterior, buscó aliarse con Trump y su rechazo diplomático del gobierno venezolano le ganó la aprobación del presidente de la OEA.

su gobierno se ha caracterizado por la improvisación, la desinformación, el nepotismo y el autoritarismo, con retrocesos fuertes para los derechos humanos y la frágil institucionalidad democrática salvadoreña, establecida por los Acuerdos de Paz de 1992

Su gobierno se ha caracterizado por la improvisación, la desinformación, el nepotismo y el autoritarismo, con retrocesos fuertes para los derechos humanos y la frágil institucionalidad democrática salvadoreña, establecida por los Acuerdos de Paz de 1992

COVID

El 11 de marzo, antes de confirmar el primer caso del virus en el país, Bukele decretó medidas drásticas: cuarentena obligatoria de 30 días para todo salvadoreño ingresando al país, cierre de fronteras a extranjeros y suspensión de actividades educativas. Pocos días después, ordenó lineamientos más severos y mandó a la Asamblea Legislativa a aprobar un Estado de Emergencia y un Estado de Excepción. El país entró en una nueva crisis constitucional prolongada. El presidente emitía decreto tras decreto. Reclamaba a la Asamblea por no cumplir sus ordenes, y vetaba las propuestas legislativas; desconoció las sentencias de la Sala de lo Constitucional que buscaban limitar los abusos.
En las semanas posteriores, las medidas se endurecieron para incluir la suspensión del transporte colectivo y la restricción de salida a las calles por número de identificación. Miles de personas fueron privadas de libertad por períodos de 30-50 días en “centros de contención” improvisados y anti-higiénicos por supuestas violaciones de la cuarentena. Miles más quedaron varadas en el exterior, sin la colaboración de las autoridades para ingresar a su propio país. Ante la falta de apoyos económicos adecuados, banderas blancas proliferaron en los barrios de trabajadores y en pueblos rurales del país señalando la necesidad de alimentos e insumos básicos.
Mientras tanto, el gobierno aprovechó de la emergencia para realizar compras directas y evitar las licitaciones públicas transparentes. Investigaciones periodísticas revelaron irregularidades como la compra de mascarillas a sobre-precio de empresas de funcionarios. El Ministro de Salud hasta firmó un contrato con una empresa de su propia familia.
El Salvador desperdició una oportunidad única de salvarse del virus. En vez de concientizar al público para la prevención del contagio, el Presidente se dedicó a sembrar terror y desinformación en redes sociales. Se posiciona como salvador y mártir, acusando a los que le cuestionan de estar “del lado del virus” (Bukele, Nayib. (2020, 29 marzo). Tweet: “A veces parece qué hay algunas […]”. https://twitter.com/nayibbukele/status/1244370925815988226?lang=en). El 15 de marzo anunció la construcción del “hospital más grande de América Latina” en el Centro de Convenciones, pero hasta la fecha de esta redacción no estaba en pleno funcionamiento por falta de personal (2020, 15 marzo, “Presidente anuncia inversión de $70 millones en hospital de emergencia en CIFCO”, https://diario.elmundo.sv/.)
El sistema de salud público se colapsó. Pacientes angustiados en colchones en el suelo de los parqueos de los hospitales; otros son enviados a casa por falta de camas. Las redes sociales están saturadas por médicos pidiendo insumos, familiares buscando plasma y oxígeno y lamentos de la pérdida de seres queridos. Los datos oficiales registran una cantidad improbablemente baja de fallecidos. Pero cifras internas filtradas del mismo Ministerio de Salud confirman que la cifra verdadera de muertos por COVID-19 es por lo menos 7 veces más grande (Rauda, Nelson, 8 de julio, 2020, “Salud confirma más de 600 entierros con protocolo covid-19”, https://elfaro.net/es/202007/).

El país entró en una nueva crisis constitucional prolongada. El presidente emitía decreto tras decreto. Reclamaba a la Asamblea por no cumplir sus ordenes, y vetaba las propuestas legislativas; desconoció las sentencias de la Sala de lo Constitucional que buscaban limitar los abusos.

Horizontes

El Salvador está de luto, pero su gobierno está en campaña. Pareciera que el gabinete entero se postuló como pre-candidatos a diputados, alcaldes, o concejales municipales con el nuevo partido de Bukele, “Nuevas Ideas,” para las elecciones de 2021. Entre ellos están el Ministro de Gobernación, la Ministra de Cultura, la directora de INJUVE y la Viceministra de Vivienda. Bukele apuesta a tomarse el poder legislativo, y es posible que lo logre, aunque el desgaste ya se está manifestando: las encuestas indican una notable reducción de su favorabilidad en el transcurso de la pandemia (Instituto Universitario de Opinión Pública, julio 2020, http://www.uca.edu.sv).
Pero las dimensiones de la crisis apenas se están visualizando. El gobierno adquirió $3 mil millones de dólares de préstamos en el marco de la pandemia, incrementando la deuda pública hasta 90% del PIB. La reducción de remesas familiares, que aportan 20% del PIB, solo agrava la situación. El economista Raúl Moreno estima que el PIB podría experimentar una reducción equivalente a la experimentada durante la guerra civil (Escalante, Xochilt, 7 de julio, 2020, entrevista al Dr. Raúl Moreno, https://eluniversitario.ues.edu.sv/). Independientemente del éxito electoral del Presidente y su partido, los daños a la economía y al sistema político salvadoreño serán de largo plazo, y será la clase trabajadora quien los sufrirá.

*Estadounidense, estudiante del Doctorado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México.