La Deuda Latinoamericana En Tiempos De Pandemia

América Latina endeudada: ¿Qué implica una reestructuración de deuda? —  CELAG
Foto: Celag

Alejandro César López Bolaños*

Al inicio de 2020 los mercados financieros que parecían estables se colapsaron, en los primeros días de marzo las bolsas de valores tuvieron un crack que evidenció las dimensiones de una crisis mucho más aguda a la vista hace más de una década, acompañada de un precio del petróleo a la baja. Los mercados financieros afrontaron un nuevo episodio de vulnerabilidad sistémica en donde las palabras que mejor describen lo acontecido son inestabilidad, especulación, fuga de capitales y riesgo.
La pandemia terminó por desnudar la enorme crisis que se ha desatado en el sistema capitalista. La pandemia y el confinamiento no son la causa de la crisis, pero si es una forma novedosa de la profundización de ésta.
En todo el orbe el número de infectados crece y pone en evidencia las debilidades de los sistemas de salud, en su mayoría privatizados o bien, desmantelados durante los años neoliberales en los cuales la salud perdió su categoría como un derecho humano y se convirtió en una mercancía. La economía se ha colapsado tanto por el lado de la oferta al tener cerradas o en paros técnicos a las empresas, pero también por el lado de la demanda ante una sociedad que guarda la cuarentena en sus hogares deprimiendo el nivel de consumo al cual se había acostumbrado la sociedad capitalista. Las cadenas de valor se encuentran paralizadas y el comercio mundial detenido ante el cierre de fronteras.
El capital está inmovilizado y el resguardo de los trabajadores en sus hogares ha demostrado que es el trabajo productivo (la apropiación de plusvalía) lo que genera la riqueza de la sociedad. La ley del valor vuelve a comprobarse a pesar de que en las décadas neoliberales la ideología de la clase dominante subestimó a dicha ley y posicionó en el mercado y, particularmente, en el individualismo empresarial, la senda de desarrollo de la sociedad. Nada más erróneo.

La pandemia terminó por desnudar la enorme crisis que se ha desatado en el sistema capitalista. La pandemia y el confinamiento no son la causa de la crisis, pero si es una forma novedosa de la profundización de ésta.


Ante el escenario de la pandemia es indudable que se requerirán más recursos con que enfrentar el caos económico en curso. Los organismos financieros internacionales se han comprometido a desembolsar millones de dólares a través de sus servicios financieros de emergencia a países de bajos ingresos y mercados emergentes que se enfrentan al COVID-19.
La pandemia y la crisis global modificarán de manera sustancial el concepto de economía mundial sustentado en el libre mercado. Se propone que, en los años por venir, los Estados nacionales volverán a tener una intervención directa en la economía; pero mientras el sistema capitalista sea la forma de producción de la sociedad las pandemias y las crisis por venir serán cada vez más severas. La civilización tal como la conocemos enfrenta un serio cuestionamiento, es momento de replantear el rumbo que deberá tomar para preservar una vida más armónica.
Las naciones latinoamericanas no escapan a estos procesos, hoy registran fugas de capital, desempleo, cierre de empresas, devaluaciones del tipo de cambio y un pronunciado descenso en sus ingresos derivados de las materias primas, en particular el petróleo, lo cual afecta a economías como la mexicana, dependiente de los ingresos fiscales que se obtiene por esta materia prima. A esto se suma, el aumento del endeudamiento público y privado en un contexto internacional con proyecciones de inminente recesión económica. De acuerdo con la información que aporta el informe Perspectivas de la economía mundial elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizado a junio de 2020, la economía mundial caerá 4.9% en 2020; en América Latina el producto interno bruto (PIB) será negativo en 9.4, siendo Brasil y México, (las economías más grandes de la región) las principalmente afectadas. El organismo estima una caída del PIB de 9.1 y 10.5% respectivamente.
El FMI identifica que “la fuerte contracción del producto y la consiguiente caída de los ingresos, junto con un considerable apoyo discrecional, han provocado un aumento de la deuda y los déficits públicos. En el escenario base, se prevé que la deuda pública mundial alcance un máximo histórico que supera 101% del PIB en 2020–21, un aumento de 19 puntos porcentuales con respecto a hace un año. Además, se prevé que el déficit fiscal global promedio aumente al 14% del PIB en 2020, 10 puntos porcentuales más que el año pasado” (FMI, 2020. Perspectivas de la economía mundial, pág. 20).
Los acontecimientos recientes demuestran que el peor de los escenarios está por venir para las economías de la región. Se caen los precios de las materias primas, se incurre en deuda para solventar programas de apoyo y rescate financiero para paliar la emergencia sanitaria. Pero la pandemia ha entrado en una fase de rebrote en Europa que terminará por ser semejante en la región cuando en muchas naciones ni siquiera se ha llegado al pico de contagios, además de tener ingresos fiscales que se contraen y ejercen presión sobre las finanzas públicas.
Diversos análisis dan cuenta del progresivo crecimiento del endeudamiento público que se registra en la economía mundial. Por ejemplo, el informe del Grupo del Banco Mundial titulado Global Waves of Debt: Causes and Consequences (2020) indica que el endeudamiento global (suma del gobierno y del sector privado) llegó a 227% del PIB mundial, compuesto por 82.2 % del PIB de deuda pública y 144.8% que aportaron los pasivos privados.
En América Latina el indicador también muestra un incremento importante, de acuerdo con la información reportada por el documento del Banco Mundial, la deuda pública latinoamericana equivalía en 2018 a 61.4% del PIB, mientras que la privada alcanzaba el 56.5% del producto, es decir, la deuda total ascendía a 117.9% del PIB regional al cierre del año 2018. Además, el citado informe afirma que 75% de los países latinoamericanos presentan un aumento de la deuda del gobierno durante la década que comprende los años 2009 a 2018.
El auge que por momentos registran los mercados financieros latinoamericanos, se basó en la absorción de capitales provenientes del exterior, de esta manera los capitales de corto plazo aumentaron el gasto del Estado. Se observa un estrecho paralelismo entre los flujos de capital y los movimientos de los precios de las materias primas. Los dos ciclos de precios de las materias primas, entre 2002 y 2008 y el posterior del periodo 2009- 2016, coincidieron con afluencias de capitales a la región.

75% de los países latinoamericanos presentan un aumento de la deuda del gobierno durante la década que comprende los años 2009 a 2018.


Las previsiones del Banco Mundial publicadas en abril de 2020 en el documento La economía en los tiempos del Covid-19 no son alentadoras, se espera que la mayoría de los países latinoamericanos incrementen de manera considerable su deuda pública este año. En el cuadro 1 se presentan las estimaciones de crecimiento de la deuda de los estados latinoamericanos ordenados de mayor a menor variación con respecto a 2019. Por ejemplo, la deuda de Bolivia llegará a 69.2% del PIB en 2020, 11.8 puntos porcentuales más a lo registrado en 2019.
En el caso de los corporativos privados, el endeudamiento tiene origen en las prácticas propias de la innovación financiera, particularmente en el uso de la titulización de activos. La titulización es un método de financiación de empresas basado en la venta o cesión de determinados activos, incluso derechos de cobro futuros, a un tercero que a su vez financia la compra, emitiendo los valores que se colocan entre los inversores. Las emisiones de bonos resultantes de este proceso cuentan generalmente con un rating muy elevado y suelen colocarse entre inversionistas institucionales.
Otro aspecto para destacar en la región es el cuantioso monto de las operaciones de acarreo de divisas (carry trade) por los principales inversionistas internacionales, esto es, los bancos incurren en pérdidas sobre el tipo de cambio, pero obtienen ganancias considerables sobre el margen de la tasa de interés al pedir préstamos de moneda extranjera fuera del país y prestarla a su vez a empresas nacionales.
La acumulación de capital es la inversión de plusvalor como capital. Contraria a esta definición, la deuda latinoamericana ha operado como capital ficticio, en la medida en que los propietarios de los instrumentos se apoderan una plusvalía que no ha sido producida y que no será utilizada para la generación de medios de producción puesto que sólo se realizará en los mercados financieros.
La normalidad que hoy añoran recuperar los poderosos corporativos trasnacionales y los mercados financieros no es otra más que la continuidad de la crisis capitalista y sus devastadoras consecuencias para las economías dependientes.

*México, GT Crisis y Economía Mundial, Académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.