Nuestramérica en tiempos de pandemia

La difícil coyuntura económica en América Latina - Elcano
Foto: Realinstitutoelcano

Julio C. Gambina*

La pandemia por el coronavirus afecta gravemente a la situación mundial y muy especialmente a Nuestramérica. En efecto, con más de 33 millones de contagiados y más de un millón de fallecidos, el continente americano es el más afectado, con EE.UU. a la cabeza. Resulta destacable que siete países de la región latinoamericana y caribeña se encuentran entre los 15 con más fallecidos por cada 100 000 habitantes. En orden de prevalencia encabeza Perú, seguido por Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México y Panamá. En términos absolutos, los países que acumulan más fallecidos en la región son Brasil, seguido por México, Perú, Colombia y Argentina.

COVID-19 intensifica los problemas estructurales de la región y dificulta avances de la Agenda 2030


Vale señalar en primer lugar, que la emergencia tiene impacto sanitario y económico, afectando a los sectores populares. La crisis sanitaria hizo visible el desarme de las políticas de salud bajo las concepciones privatistas prevalentes en la región desde los 80/90 del siglo pasado, agravadas con la lógica emanada del Consenso de Washington que privilegio el estímulo del accionar privado, transformando “derechos” en “mercancías”, muy especialmente en materia de salud y de educación.
El resultado está a la vista en las consecuencias sociales del efecto COVID19. Alicia Bárcena precisó “[…] que la región vivirá una contracción del 9,1% en 2020, la peor en 100 años, las exportaciones caerán -23% y la pobreza alcanzará a 230 millones de personas (45 millones más). Unos 33 millones de personas caerán de los estratos medios a la pobreza, de tal manera que 8 de cada 10 personas en la región (490 millones) van a requerir un ingreso básico y políticas universales. La desigualdad llegará al 5% en promedio y el desempleo afectará a 44 millones de personas. Además, 2,7 millones de pequeñas y medianas empresas van a cerrar. Añadió que 40 millones de hogares no están conectados ni tienen accesibilidad a internet de buena calidad, mientras que 32 millones de niños, niñas y adolescentes no pueden hacer teleeducación.” (CEPAL,19 de septiembre, 2020, https://www.cepal.org ).


Si consideramos el dato de la “peor crisis en 100 años”, se supone que la coyuntura crítica supera la crisis 2007/09, la de fines de los 60 y comienzos de los 70 y por supuesto la crisis del 30 del siglo pasado. Cada uno de esos momentos promovieron cambios estructurales y bien vale interrogarse sobre los que acontecen y acontecerán en el presente y futuro cercano. Claro que hace un siglo emergían nuevos movimientos sociales y políticos que darían impulsos a procesos de renovación política con expectativas favorables a los pueblos. Algo muy distinto sobrevino con las siguientes crisis, en los 70 del siglo pasado y las siguientes, caracterizadas por la ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad. Es lo que hoy definimos como ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad.
Los cuadros que siguen fueron obtenidos del informe del 25 de septiembre de la CEPAL ( COVID-19 intensifica los problemas estructurales de la región y dificulta avances de la Agenda 2030, https://www.cepal.org), mostrando como las proyecciones fueron cada vez más negativas y todavía no está dicha la última palabra de cómo sigue la pandemia y mucho menos el desenlace de una crisis capitalista que viene de antes.
Todo indica que las proyecciones pueden agravarse, en el sentido de la tendencia que expresan las correcciones de la gráfica 1. La nueva ronda de contagios en el mundo y en la región nos hace no ser optimistas sobre el impacto económico y social de la emergencia sanitaria en pleno desarrollo. Las políticas públicas, aun con crecimiento de la emisión monetaria, el endeudamiento público y el mayor déficit fiscal, no están resolviendo crecientes demandas económico-sociales derivadas de la situación crítica, que como demuestran todos los datos vienen de arrastre en el tiempo. No es solo el efecto coronavirus, sino una crisis que explicitada en el 2007-09 hace evidente los problemas del capitalismo contemporáneo y sus formas específicas de desarrollo en la región.
En ese sentido, observando los datos en un mediano plazo podemos verificar, como señala la CEPAL: “Más de una década perdida: al cierre de 2020, el nivel del PIB per cápita retrocede 10 años y los niveles de pobreza 14 años”.

Por su parte, la CEPAL informa del crecimiento del endeudamiento, algo que viene ocurriendo desde el 2011, y con impacto en los intereses pagados que llegan al 2,6% del PBI, contra gastos en salud del 2,3%.
Resulta alarmante el impacto en materia de pobreza y empleo, agravado con los indicadores relativos al crecimiento de la irregularidad en la actividad laboral, verificado en expansión de la insuficiente seguridad social, la precariedad en el trabajo y la multiplicación de puestos laborales bajo condiciones de anomalía, sin perjuicio de los problemas que adiciona el llamado “teletrabajo” o “remoto” y los perjuicios que ello suponte para los sectores más empobrecidos, alejados de cualquier abastecimiento de servicios y acceso a la digitalización.
En el informe conjunto de la FAO y la CEPAL se señala que “[…] la pandemia de COVID-19 llegó a la región cuando esta pasaba por un mal momento y empeoró las cosas, siendo la causa final de la mayor crisis económica y social en décadas. El mercado laboral se ha visto muy perjudicado. Se proyecta un aumento de 5,4 puntos porcentuales en la tasa de desocupación respecto de 2019 (8,1%), hasta alcanzar una tasa de desempleo del 13,5%. Dicha cifra equivale a 44,1 millones de personas desempleadas, un aumento cercano a 18 millones con respecto de 2019 (26,1 millones de desempleados)”. (FAO y CEPAL, Boletín, no. 14 del 10 de septiembre, 2020). La gráfica siguiente ilustra la situación con claridad y marca la tendencia hacia el futuro cercano.

Resulta grave la situación económica y social para la mayoría empobrecida en Nuestramérica, por lo que estamos desafiados a pensar y construir estrategias alternativas que vayan más allá y en contra del orden del capital, que solo proponen iniciativas que atienden la demanda de la rentabilidad. Es un tiempo de crisis, ideal para imaginar futuros desde una lógica de satisfacción de necesidades, que recupere la perspectiva emancipadora que hace pocos años sustentaba la voluntad de varios procesos políticos en la región y que conmemoraba el antiguo proyecto de la patria grande que enarboló el proyecto independentista hace dos siglos. Es el sueño de la revolución inconclusa para los pueblos de Nuestramérica.

*Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Presidente de la FISyP y Vicepresidente de SEPLA.