El Fin Del Ciclo Electoral 2019-2020 Y De Quince Años De Gobiernos Progresistas

Antonio Elías*

Foto: Lavoz

En la primera vuelta de las elecciones nacionales, 27 de octubre, el candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, obtuvo una votación del 28,6% y el candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez, alcanzó un 39%. Dado que la legislación electoral exige para ser electo en la primera vuelta el 50% de los sufragios emitidos (incluye votos en blanco y nulos), se convocó al balotaje.
Esa misma noche Lacalle recibió el apoyo a su candidatura por parte de los partidos Colorado (12,3%), Cabildo Abierto (11%), Independiente y de la Gente, ambos 1 por ciento.
En conjunto, la coalición de derecha obtuvo el 53% de los votos emitidos, alcanzando 56 bancas en la Cámara de Representantes (integrada por 99 diputados) y 17 bancas en el Senado (integrada por 30 senadores y el vicepresidente de la República).
El 24 de noviembre Lacalle Pou ganó la presidencia con 48,71%. Daniel Martínez, alcanzo el 47,51%, lo que implicó un cambio sustancial respecto a las elecciones de octubre. Hay muchas hipótesis explicativas del crecimiento electoral del FA entre octubre y noviembre, a nuestro entender la principal razón fue que un número significativo de frenteamplistas que no habían militado ni votado al FA en las elecciones de octubre decidió militar activamente para evitar el triunfo de una coalición de derecha que incluía sectores militares de ultraderecha.
Esa reacción se produjo cuando Guido Manini Ríos (Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas del 2 de febrero hasta el 12 de marzo de 2015, cuando fue destituido por el Presidente de la República después de insubordinarse y ocultar información que incriminaba a uno de los principales asesinos de los torturadores de la dictadura cívico-militar, 1973-1984), senador electo y líder de Cabildo Abierto, el partido de la corporación militar dirigió un video a las tropas identificando al Frente Amplio como un enemigo de las fuerzas armadas y pidiendo que no lo votaran (https://www,youtube.com). A lo que se sumó un comunicado del Centro Militar, típico de la guerra fría, en un estilo Bolsonaro que llama a extirpar el marxismo y “avisando” que las fuerzas armadas estaban prontos para actuar (Periodismo y Comunicación, 22 de Noviembre de 2019, Centro Militar difunde editorial de revista Nación, https://www.martes.com.uy).

Los tres gobiernos del FA, con sus matices y diferencias, se inscribieron dentro de las variadas opciones de la institucionalidad capitalista para administrar la crisis.


Lacalle Pou asume el gobierno el primero de marzo y el trece del mismo mes se declara la emergencia sanitaria. La emergencia sanitaria, agrava una recesión económica que la precede, y genera un crecimiento de la pobreza y la indigencia que, no ha tenido una respuesta adecuada al tamaño de las necesidades de los sectores más carenciados, los trabajadores y los pequeños empresarios.
La coalición integrada por cinco partidos, de muy diverso peso político, pero donde predomina claramente el Partido Nacional, está implementando desde el primero de marzo una política de ajuste fiscal y reforma regresiva del Estado.
Cabe destacar, desde un inicio, que las medidas de contención de la epidemia y los muy buenos resultados obtenidos han generado que más de un 60% de la población respalde lo actuado por el gobierno, a pesar de ser notoria la insuficiencia de sus políticas de contención y de la implementación del ajuste.
En lo esencial, el gobierno, ha preferido preservar los ingresos y beneficios impositivos del gran capital nacional y extranjero, bajo el supuesto de que van a invertir en el país y ser el motor de la economía y ha desatendido las necesidades sociales crecientes con el objetivo de preservar el grado inversor. Según datos difundidos por la CEPAL en julio, Uruguay invirtió un 0,7 % de su producto interno bruto (PIB) para enfrentar la crisis económica, cifra que asciende aproximadamente a 400 millones de dólares.
Los lineamientos salariales (https://www.gub.uy/ministerio-trabahi-seguridad-social) son parte del programa de ajuste del gobierno, que busca generar mayores niveles de ganancia para el capital a costa del ingreso de los trabajadores privados y públicos.
En ese marco se realizan las elecciones departamentales, cuyo resultado consolida el avance de la derecha que ganó 16 departamentos del interior del país, recuperando tres que había ganado el Frente Amplio en las elecciones anteriores. En efecto, mantuvo el gobierno de: Montevideo, que gobierna desde 1990; Canelones, donde se mantiene desde 2005; Salto, que gobernó desde 2005, salvo el período 2010-2015.
En el caso del Frente Amplio la novedad es que la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, es electa en el marco de una alianza entre los partidos Comunista, Socialista y Por la Victoria del Pueblo, organizaciones claramente de izquierda y con importante base en el movimiento sindical. Siendo ella, actualmente, una militante independiente.
En el gobierno de Canelones, es reelegido Yamandú Orsi, dirigente del Movimiento de Participación Popular, organización liderada por José Mujica, que es la fuerza mayoritaria del Frente Amplio con una amplia representación parlamentaria.

La responsabilidad de los gobiernos del Frente Amplio

Existen múltiples ejes de análisis para tratar de explicar lo sucedido en este ciclo electoral que comenzó con las elecciones internas de los partidos en junio de 2019 y continuo con las elecciones nacionales de octubre y el balotaje de noviembre, para concluir con las elecciones departamentales que debieron ser en mayo, pero que se realizaron en setiembre.
Errores en la estrategia electoral, malos candidatos, características de la campaña, etc.; los medios de comunicación masivos se impusieron en la población con una campaña favorable para la derecha; se perdió el peso de los grupos del FA que competían por el centro político con los partidos tradicionales, implosión del Frente Líber Seregni; las capas medias pagaron el ajuste fiscal del tercer período de gobierno (2015-2019) y los desheredados del sistema que – en la necesidad de sobrevivir cada día, buscan la protección de los “poderosos” sin importar el partido- fueron los más afectados por el estancamiento de la economía y la pérdida de empleos.
Todas las razones señaladas tienen una parte de la explicación, a nuestro entender el factor fundamental es que el Frente Amplio hizo un corrimiento al centro dejando de lado su programa. Recordemos qué en el contexto de una importante crisis económica, el Frente Amplio alcanza el gobierno en 2004, que mantiene en 2009 y 2014, teniendo siempre mayorías parlamentarias.
En el proceso para acceder al gobierno el FA desdibujó su programa histórico de cambios, y en el contexto de una estrategia “realista” incluyó una amplia política de alianzas para captar el voto del centro político.
El FA en el gobierno no se planteó en ningún momento aplicar políticas antiimperialistas y antioligárquicas, no solamente como práctica sociopolítica limitada por una determinada correlación de fuerzas, sino como sustento ideológico de su accionar.  Las definiciones programáticas se fueron diluyendo: primero, en forma ambigua; luego, frontalmente para obtener el aval de los señores del «mercado».
Los tres gobiernos del FA, con sus matices y diferencias, se inscribieron dentro de las variadas opciones de la institucionalidad capitalista para administrar la crisis. Renunciaron a su lucha contra el neoliberalismo y asumieron las reformas institucionales de “segunda generación” del Banco Mundial como si fueran un programa superador del neoliberalismo. Los cambios son fuertes en el plano electoral, mínimos o nulos en lo ideológico, pero en lo económico e institucional se profundiza el capitalismo dependiente.
En el tercer gobierno trató de administrar la caída de precios internacionales, el estancamiento productivo, el aumento del déficit fiscal con un ajuste fiscal gradual sobre el salario directo e indirecto de los trabajadores sin afectar al capital.
En efecto, la modificación del ciclo económico mundial y su impacto en el precio de las materias primas provocó una caída global de los ingresos del país. Las políticas de conciliación de clases (socialdemocracia) requieren recursos para atender los intereses del capital y del trabajo. Hasta el 2014 se mantuvieron con dificultades, pero luego el ajuste afectó fundamentalmente a los trabajadores y no al capital.
La inseguridad, el crecimiento de los delitos sobre las personas y la propiedad, se transformó en un problema muy importante, que más allá de que la población uruguaya esté en mejores condiciones de seguridad que otros países del continente, lo que compara la gente es su situación actual respecto a su situación anterior y, objetivamente, empeoró.
No se hizo ninguna política contra el capital transnacional, por el contrario, se lo favoreció ampliamente (Ley de promoción de inversiones, Zonas Francas, libertad absoluta para mover sus capitales). Tampoco se hicieron políticas de preservación del ambiente, las cianobacterias contaminan los ríos y las costas como consecuencia de los fertilizantes que aumentan las ganancias del agro negocio.

Comienza una nueva etapa, luego de la frustración de la triple derrota electoral y el fin de tres períodos consecutivos de gobierno, el FA vuelve a su carácter de fuerza política metropolitana


Por último, lo fundamental, no hubo lucha ideológica contra los principios y valores del sistema socioeconómico vigente. Esa falencia es una responsabilidad compartida, por un lado, el FA cortó las poleas de trasmisión que lo ligaron con sus bases y pasó a ser un ámbito cupular donde lo principal se debatió entre sus líderes; por otro lado, debe añadirse que sectores, no menores, del movimiento sindical, popular y de la propia universidad pública “moderaron” sus posiciones para no desgastar al gobierno progresista.
Termina una etapa que comenzó en 1996, con la renuncia del General Líber Seregni, en la cual el Frente Amplio fue orientado desde 1996 por tres líderes: Tabaré Vázquez, primer intendente de Montevideo en 1990 y dos veces presidente 2005-2010 y 2015-2020; José Mujica, presidente de 2010 a 2015; Danilo Astori, vicepresidente 2010-2015 a cargo del área económica de la cual fue ministro en los dos gobiernos de Tabaré Vázquez.
Comienza una nueva etapa, luego de la frustración de la triple derrota electoral y el fin de tres períodos consecutivos de gobierno, el FA vuelve a su carácter de fuerza política metropolitana, sin liderazgos definidos, es un partido tradicional más, integrado al sistema, con una base social y popular muy importante, cuyo futuro está por escribirse.
De la capacidad del Frente Amplio para elaborar una estrategia que le permita enfrentar la ofensiva continental del capital contra el trabajo, que tenga el respaldo de las grandes mayorías populares, dependerá el futuro de esta organización que se fundó en 1971 para revolucionar el país, al servicio de los oprimidos y contra la oligarquía y el imperialismo.

*Uruguay, GT Crisis y Economía Mundial, Director del Instituto de Estudios Sindicales (INESUR), integrante de la Red de Economistas de Izquierda (REDIU) y Directivo de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico (SEPLA).