Salud Pan Y Trabajo*

Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales 2020**

SME: La defensa de la autonomía y la democracia sindical – OPT Jalisco
Foto: OPT

Introducción

Han pasado ya cinco meses desde la publicación de “Salud, Pan y Trabajo”. Sus contenidos han cobrado relevancia en la medida en que la situación de vida de millones de trabajadores en todo el mundo se agrava. Las tres prioridades que debemos asumir los trabajadores “Salud, Pan y Trabajo” son cada vez más relevantes de frente al gobierno y las clases sociales dominantes que ven la crisis económica-sanitaria de un modo distinto al nuestro. Los primeros, buscando compensar sus efectos mediante una política asistencial y los segundos, esforzándose por reactivar el ciclo económico para restaurar su hegemonía, tal cual como si nada hubiera pasado en estos meses. Mientras tanto, la clase trabajadora se ve acorralada por la doble contingencia.

La doble crisis y sus efectos

El capitalismo global está hundido en una crisis estructural que, a mediano y largo plazo, le pronostica pocas esperanzas de vida. El Banco Mundial, refiriéndose a la perspectiva económica internacional de 2020, la calificó como “la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y la primera vez desde 1870 que tantas economías experimentarían una disminución del producto per cápita”, lo que concluye “empujará a millones de persona a la pobreza extrema”. Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), coincidiendo con el Banco Mundial, estima la caída de la economía mundial en 2020 en un –5.2% y advierte que “nuestra región atravesará la peor crisis en 100 años y se avizora en más de una década pérdida”.
México no esta exento de este pronóstico. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), acaba de estimar un crecimiento anual promedio del 0.67% del Producto Interno Bruto (PIB) en el sexenio en curso, en tanto que la deuda pública cerrará a final del año por arriba del 50% del mismo indicador económico.

Las tres prioridades que debemos asumir los trabajadores “Salud, Pan y Trabajo” son cada vez más relevantes de frente al gobierno y las clases sociales dominantes que ven la crisis económica-sanitaria de un modo distinto al nuestro.


Los efectos sociales y económicos del Covid-19 son devastadores. La cantidad de contagios rebaza los 32 millones en el mundo y se aproxima al millón de muertes. México ocupa el séptimo lugar en contagios atrás de Estados Unidos, la India, Brasil, Colombia y Perú con 75 mil 457 casos, y el cuarto lugar en defunciones con más de 75 mil 439, al 24 de septiembre del año en curso.
Según el reporte de Amnistía Internacional, México es el primer país del mundo con el mayor número de decesos de trabajadores de la salud por contagio de Covid-19 con 1,320 decesos confirmados por arriba de los 1007 de E.U., 649 del Reino Unido y los 634 de Brasil. Este doloroso dato revela hasta qué punto las condiciones laborales y sanitarias de los médicos, enfermeras, camilleros y asistentes del sector salud se deterioraron en tres décadas de neoliberalismo. En el curso de la pandemia miles de trabajadores del sector público, en distintos Estados de la de la República, se han manifestado en las calles para exigir insumos de protección básicos para enfrentar la crisis, medicamentos, equipos y apoyo logístico. Estas carencias han cobrado numerosas víctimas.
En lo fundamental, el costo social de la doble crisis recae sobre la clase trabajadora. De frente a la crisis económica que ya se veía venir desde hace más de un año, la pandemia actuó como acelerador y catalizador de todos sus componentes. El paro forzoso, obligado por el confinamiento, precipitó la caída abrupta del empleo y el crecimiento económico. Millones de empleos se han perdido a la fecha -más de 12 en cifras del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM (CAM-UNAM)- y aún no se estima con precisión la caída anual del PIB que podrá rondar -según el Banco de México- entre un menos 8 o 10% al cierre del año.

Según el reporte de Amnistía Internacional, México es el primer país del mundo con el mayor número de decesos de trabajadores de la salud por contagio de Covid-19 con 1,320 decesos confirmados por arriba de los 1007 de E.U., 649 del Reino Unido y los 634 de Brasil.


El Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED), de la UNAM, informó “que entre los meses de febrero a mayo, el número de personas en pobreza extrema por ingreso habría pasado de 22 a 38 millones de personas, cifra algo más elevada que la presentada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en donde se mencionaba que el impacto sería de 10.7 millones de mexicanos en pobreza laboral al cierre de 2020”, de acuedo a la nota publicada por Noticias Telesur el pasado 11 de julio. Según datos de la Consultora EY “la mitad de los mexicanos ha visto una reducción del 66% en sus hábitos de consumo” debido a los bajos ingresos del 58% de la población.
En resumen, miles de trabajadoras y trabajadores pierden su empleo, disminuyen o se quedan sin ingreso, reciben una ayuda asistencial del gobierno que les es insuficiente, se ven forzados a salir a la calle, a incorporarse a la precariedad de la economía informal o como asalariados, integrarse a la construcción, el comercio y la industria, expuestos al contagio en trayecto o dentro de sus propios centros de trabajo, sobre todo en aquellos a donde no se cuenta con suficientes medidas de protección sanitarias. Incluso en industrias estratégicas como la petrolera y eléctrica existe un elevado número de contagios y decesos.
En conclusión, el costo social de la doble crisis se incrementa en la medida que la recuperación económica se retarda y sobre todo cuando se deposita sobre las espaldas de la clase trabajadora. Primero, porque en el aspecto de la salud, la atención de los enfermos por Covid-19 no es la misma entre pobres y ricos. Segundo, porque la recuperación del empleo y el ingreso para millones de mexicanos no parece llegar en un corto plazo.

La recuperación

El debate sobre la estrategia de recuperación, que distanció al gobierno con la cúpula empresarial, entró en un impasse después de que el primero aceptó un mayor endeudamiento del país. Sin embargo, en vísperas de la discusión y promulgación de la Ley de Ingresos y Egresos de la Federación, no hay duda de que las cartas se pondrán sobre la mesa en ausencia de un movimiento social autónomo con capacidad propia para protagonizar la defensa de sus intereses fundamentales.
Desde la perspectiva del gobierno, la recuperación puede dinamizarse a través del desempeño de la economía de los Estados Unidos, pues se encuentra ya operando al 76% al 21 de septiembre, en comparación a los niveles anteriores a la pandemia según el índice Back-to-Normal (regreso a la normalidad) diseñado por empresas calificadoras de Estados Unidos; a partir de esto, se podría generar crecimiento de la demanda de las exportaciones mexicanas que podrían estimular la recuperación de la agroindustria, la maquila y la industria de exportación.
De ahí la relevancia que el gobierno le ha dado a la firma del T-MEC, sin caer en cuenta de que este acuerdo de libre comercio e inversión con EU y Canadá refuerza los lazos de dependencia y subordinación de nuestra economía. Para nosotros, introducir un fuerte impulso a la economía social y solidaria puede estimular la reactivación del mercado interno con una progresiva oferta de productos, bienes y servicios de los productores del campo y la ciudad.
En el mundo entero las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias vieron en la terrible situación actual la mejor oportunidad para desnudar la crisis estructural del sistema capitalista. Su carácter multidimensional encontró subversivas críticas desde distintas perspectivas. Anticapitalistas, socialistas, ambientalistas, humanistas, demócratas y movimientos sociales de izquierda sumaron infinidad de argumentos del porqué rebelarse en contra de la pandemia capitalista global.
El movimiento sindical democrático de carácter internacional se bifurcó entre quienes adoptarán, sin ir a fondo, una estrategia para no salir tan mal librados de la crisis y quienes planteamos la necesidad de pasar a la ofensiva, introduciendo cambios estructurales en la economía preponderante que contengan los efectos negativos de la doble crisis y nos procuren el acceso a un mejor vivir.
En México, la Nueva Central de Trabajadores ha puesto el dedo en la llaga. Su Consejo Político Nacional, reunido a finales de agosto pasado aprobó un conjunto de resoluciones tendientes a fortalecer la correlación de fuerzas del campo popular y su proyecto mismo. Esa resolución, en tiempo de la presente pandemia, se contextualizó a principio del año dando lugar al texto de “Salud, Pan y Trabajo”.

Las medidas a tomar en el marco de una situación política nacional harto compleja

En los últimos meses, se han desatado dolosos escándalos que dan cuenta del carácter ilegítimo de las reformas estructurales neoliberales impuestas a cañonazos, muy arriba de los conocidos 50 mil pesos de principios del siglo pasado; al mismo tiempo, se han revelado las contradicciones al interior de la 4T. La renuncia de Víctor Toledo a la SEMARNAT, el titular del CENACE, la desaparición de la subsecretaría de gobierno de la SEGOB; la tensa disputa por la dirección del partido en el poder, la renuncia forzada a la CNDH de reconocidos activistas sociales, la ofensiva política y represiva en contra del movimiento social independiente y la intromisión del gobierno en los asuntos internos de nuestra organización, nos hablan del desenvolvimiento de una tendencia regresiva en la recomposición política del país.
La simplificación del escenario político a la pugna entre liberales y conservadores empobrece cualquier interpretación política e ideológica útil para desenredar el hilo de los acontecimientos que están dando la pauta para un recrudecimiento de la lucha de clases en nuestro país.
Sectores de la oligarquía neoliberal conservan sus privilegios acomodándose temporalmente al mandato presidencial, al mismo tiempo que, de manera subterránea, alientan la sedición de la derecha más reaccionaria del país. Los trabajadores, pese a la reforma laboral en materia de libertad sindical, siguen maniatados por el sindicalismo corporativo, de protección patronal y al surgimiento de “nuevas” formaciones neocorporativas cercanas al discurso oficial. La toma de nota, como en el pasado, sigue siendo una vía de intromisión del gobierno en los asuntos internos de las organizaciones sindicales democráticas e independientes.

¡Salud, Pan y Trabajo!

El texto establece la relación entre la crisis económica predecible desde hace más de un año y el brote mundial de la pandemia de Covid-19; relaciona los efectos sociales de la doble crisis en la población trabajadora y advierte de las posibles soluciones que el capital querrá imponer para reactivar el ciclo económico capitalista en México.
En ese contexto, la Nueva Central de Trabajadores formuló un programa de lucha inmediato que recupera viejas demandas de los trabajadores e incorpora una serie de planteamientos que buscan ir a los orígenes de la crisis, para demandar cambios estructurales que pongan freno a las principales calamidades características del modelo neoliberal. A saber, la escandalosa concentración de la riqueza social en pocas manos; la pobreza de millones de seres humanos, la precarización del trabajo y del conjunto de la sociedad; el pago de la deuda ilegítima comprometida con el sistema financiero internacional, el despojo de los bienes comunes y la devastación extractivista del medio ambiente.

nada podrá avanzar si en lugar de impulsar la participación activa del movimiento social se opta por la militarización del país, el trato despótico al pueblo organizado y una renovada política de concesiones económicas y políticas a la oligarquía nacional y el capital financiero internacional


No hay otro modo de enterrar al neoliberalismo. Ir a fondo de una posible transformación de México, obligadamente, pasa por la abrogación de las reformas estructurales, que, a lo largo de 30 años, impusieron los gobiernos neoliberales del PAN y el PRI. Una nueva constituyente fundacional de un México justo, libre, democrático e igualitario es más necesaria que nunca.
Sin embargo, nada podrá avanzar si en lugar de impulsar la participación activa del movimiento social se opta por la militarización del país, el trato despótico al pueblo organizado y una renovada política de concesiones económicas y políticas a la oligarquía nacional y el capital financiero internacional, esto, sin dejar de mencionar la subordinación condicionada al libre comercio con los Estados Unidos y Canadá.
Son tiempos difíciles, las y los trabajadores mexicanos debemos adoptar una política propia que en lo inmediato responda a nuestros intereses. “Salud, Pan y Trabajo”, plantea las tareas inmediatas de quienes crean con su trabajo la riqueza que otros se apropian sin piedad aún en las peores circunstancias. Oponernos a que el costo de la crisis caiga sobre nuestros hombros es una tarea inmediata de la clase obrera mexicana.
El Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales 2020 nos debe permitir avanzar en la articulación de las fuerzas populares para hacerle frente a la crisis, dar un paso adelante en la necesidad de hacer avanzar la unidad del movimiento social para poder construir una plataforma común de lucha, que ponga al centro de nuestra acción la legítima defensa de nuestros derechos. Habrá que ubicar este Encuentro como una de las expresiones en la construcción de un polo social alternativo que haga converger a las distintas plataformas y referentes del campo popular. En lo particular, nosotros planteamos la necesidad de una gran Convención Nacional Democrática de los Trabajadores, este Encuentro constituye un paso en esta dirección. La articulación de las organizaciones presentes y de futuras convergencias populares será fundamental para contrarrestar la reacción de la derecha neoliberal y profundizar el proceso de cambio pendiente en nuestro país.
Identificar las demandas, iniciativas y ejes programáticos para la unidad popular, formular un plan de acción conjunto, establecer formas de coordinación permanentes y mecanismos de interlocución con el gobierno para la solución de nuestras demandas y conflictos son propósitos manifiestos de nuestro Encuentro.
Deseamos pues que este Encuentro materialice sus propósitos de unidad y nos permita avanzar en la dirección necesaria para vivir en un México justo, libre, democrático e igualitario. Reivindiquemos con todo el programa de “Salud, Pan y Trabajo”.

C. José Humberto Montes de Oca Luna, Secretario del Exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas. Coordinador Nacional de la Estructura Ejecutiva de la Nueva Central de Trabajadores. CDMX a 25 de septiembre de 2020.

* Actualización del texto con el mismo título publicado hace varios meses por la Nueva Central de Trabajadores de México.
** En este encuentro participaron 56 organizaciones de 14 estados de México.