2021: La Pandemia Del Covid-19 Y La Crisis Económica Global En Su Laberinto

Arturo Guillén*

Covid-19 en la economía mundial: impulso y retroceso
Foto: Alainet

Ha concluido uno de los años más difíciles de la historia moderna por la gravedad y extensión de la pandemia del coronavirus COVID-19 y por la crisis económica global que detonó su aparición. La recesión económica iniciada en marzo es la peor contracción que ha enfrentado el capitalismo desde la Gran Depresión de los años treinta.
Al terminar 2020 surgió un rayo de esperanza, al aprobarse y comenzar a aplicarse en algunos países, dos vacunas desarrolladas por laboratorios estadounidenses: la vacuna de Pfizer y la de Moderna. Por su lado, Rusia comenzó a aplicar la vacuna Sputnik, la cual se encuentra aún en fase 3 de experimentación, al igual que la vacuna china CoronaVac. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen actualmente 48 vacunas experimentales, de las cuales sólo once han alcanzado la fase 3. El que en menos de un año se hayan desarrollado varias vacunas, constituye sin duda un gran logro científico. Sin embargo, la pandemia está muy lejos de haberse controlado. Por el contrario, tiende a expandirse con mayor velocidad en muchos países. Los índices de contagio, mortalidad y hospitalización son ahora más altos que cuando, durante el verano, se decretaron las medidas de distanciamiento y de restricción de la movilidad, lo que ha orillado a muchos gobiernos a endurecer nuevamente las restricciones, lo que sin duda repercutirá en la agravación de la crisis económica. A los rebrotes viene a agregarse el descubrimiento de dos variantes de la cepa, las cuales parecen ser más contagiosas.

La recesión económica iniciada en marzo es la peor contracción que ha enfrentado el capitalismo desde la Gran Depresión de los años treinta.


Una cosa es contar con vacunas, y otra muy distinta su distribución masiva y equitativa entre la naciones y la población. La Organización Mundial de la Salud (OMS), advirtió que las vacunas son una parte importante de la batalla en contra del COVID-19, pero no acabarán por sí solas con la pandemia, ya que habrá reinfecciones y no está asegurado que protegerán de por vida al receptor. Por su parte el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, señaló que las repercusiones sociales y económicas del COVID-19 “son enormes y van en aumento”, por lo que sería ingenuo creer que una vacuna pueda revertir los daños causados por la pandemia, que durarán años o incluso décadas. La OMS advirtió que la llegada de las vacunas no significa el fin de la pandemia (https://www.infobae.com/america/mundo/2020/12/04).
Como sucede siempre en el capitalismo donde la naturaleza, la riqueza y hasta los males se reparten desigualmente, los países ricos ya se han apropiado de las vacunas. Estos países han asegurado la compra del 50% de las vacunas que se producirán durante 2021. Estados Unidos, Reino Unido y Canadá han comprado tres veces la cantidad de vacunas necesarias para vacunar al total de su población. La pandemia misma se irradia desigualmente entre las clases sociales de cada país, así como entre las naciones ricas y pobres. Baste un dato, mientras América Latina y el Caribe concentran solo el 8.5% de la población mundial, allí se localizan el 18% de los contagios de COVID y el 29 % de las muertes, revelando este último dato las precarias condiciones de vida de las grandes mayorías, así como el deterioro histórico de los sistemas de salud y de seguridad social, agravado durante treinta años de neoliberalismo.

La pérdida de vigor de la recuperación se observa más claramente cuando se revisan los datos de empleo.


Las perspectivas de una salida rápida de la crisis económica tienden a desvanecerse. La pretendida salida en “V” de la crisis fue una hipótesis naive sin bases, una ilusión sembrada por las élites. A la incertidumbre provocada por los rebrotes y mutaciones del virus, así como por los nuevos confinamientos y restricciones decretados por muchos gobiernos, se suman la propia lógica de la recesión, y los problemas estructurales irresueltos de la crisis de 2007-2009.
Una mirada panorámica de la situación de la economía estadounidense convalida la validez de lo planteado, aunque las dificultades para superar la recesión no se circunscriben a ese país, sino que se replican, con matices y diferencias, en la mayoría de los países, en los centros capitalistas y en las periferias, con excepción de China y algunos países del sureste asiático que lograrán crecer en 2020.
Durante el tercer trimestre de 2020, la economía de Estados Unidos (EUA) creció 7.4%, o 33.1% en términos anuales. No obstante este fuerte repunte, el PIB se mantiene aún 3.5% por debajo del nivel pre-pandemia. Debido al rebrote y a los nuevos confinamientos, es probable que al cerrar el año la caída sea mayor. En octubre pasado, el FMI pronosticaba una reducción anual del 5.8%.
La pérdida de vigor de la recuperación se observa más claramente cuando se revisan los datos de empleo. Si bien la tasa de desempleo abierto, debido a la reapertura de algunas actividades, ha bajado desde el 14.7% que alcanzó en abril al 6.7% de la fuerza de trabajo en noviembre, las cifras de las solicitudes de seguros de desempleo constatan que la recuperación de plazas se ha estancado desde septiembre y comenzó a repuntar en diciembre (véase gráfico 1). El número de nuevas solicitudes, según el último reporte, llegó a 858,000 personas, mientras que el número de solicitudes continuas, es decir de quienes se mantienen en el desempleo, asciende a más 5 millones y medio. El desempleo afecta con mayor fuerza a los grupos poblacionales de ingresos más bajos y a las minorías negras y latinas. Las escenas de “hombres de calle” y las filas de solicitantes de comida gratuita se han multiplicado en las grandes urbes, lo que hace recordar imágenes de la Gran Depresión de los treinta.
Mientras muchas actividades productivas languidecen, las bolsas de valores y las operaciones en activos especulativos como el oro, el bitcoin y los inmuebles, alcanzan nuevos récords al amparo de un régimen de acumulación dominado por las finanzas. Durante la pandemia el ingreso se ha concentrado en manos de unas cuantas corporaciones que se benefician de los confinamientos, así como de los poseedores de grandes fortunas que las reproducen en los mercados financieros. Según un estudio del Institute for Policy Studies, los 651 multimillonarios más ricos de EUA han incrementado sus fortunas en más de un billón de dólares desde el inicio de la pandemia, lo que supera el total de la asistencia federal para combatir la pandemia y la crisis. (Citado por David Brooks. “Las cúpulas política y económica avanzan hacia la era pos-Trump”, La Jornada, 17 de diciembre, 2020).
La recuperación ha dependido y sigue dependiendo de los paquetes monetarios y fiscales de salvamento. Al cierre de diciembre el Congreso estadounidense aprobó un nuevo programa fiscal por 900 mil millones de dólares. Si bien este programa, como los anteriores y los que vengan, contribuirá a mantener a flote la tambaleante recuperación estadounidense, lo hace al costo de elevar el nivel de endeudamiento a niveles muy preocupantes. La deuda total del mundo se sitúa actualmente en 277 billones de dólares, un incremento de 15 billones respecto de 2019. Este nivel es equivalente al 365% del PIB mundial.
El entorno recesivo acompañado de las tendencias manifiestas a la deflación (el FMI estima que los precios al consumidor en los países desarrollados solo se incrementarán este año 0.8%), presagian una nueva crisis de deuda-deflación una vez que la burbuja financiera se desinfle.
Las perspectivas estanflacionarias de la economía del maltrecho centro hegemónico del capitalismo, ya han cobrado su factura en los movimientos del tipo de cambio del dólar. La tendencia a la depreciación de la divisa clave se ha acentuado con “la crisis del coronavirus”. Tan solo entre enero y el 15 de diciembre de 2020 el dólar se devaluó 8.4% respecto al euro (véase gráfico 2). El proceso devaluatorio del dólar se registra también con respecto de otras monedas fuertes como el franco suizo y el yen japonés. Y no se diga frente a monedas virtuales como el bitcoin, o activos especulativos con valor intrínseco como el oro. El dólar, aunque continúa siendo el eje del sistema monetario internacional, comienza a resentir su deterioro, manifestación del ascenso multipolar, y del debilitamiento hegemónico de Estados Unidos frente a China.

El mundo no está solamente ante un problema médico aislado -una nueva pandemia-, ni solo frente a una crisis económica que surgió repentinamente con el COVID, sino que se trata de una sindemia, de un proceso en el que interinfluyen lo “natural” y lo social. Desde la crisis económica de 2007 se evidenció que las crisis contemporáneas son procesos multidimensionales, en los que se interrelacionan varias crisis, las que, a su vez, tienen una dinámica propia. El colapso ambiental, la crisis energética y las crisis económicas se superponen, lo que hace que sean fenómenos inéditos que señalan los límites del capitalismo y de un régimen de acumulación y de consumo basado en el consumismo, el abuso de los combustibles fósiles y la financiarización del excedente económico.

*México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesor-investigador, UAM-I.