Crisis Y Pandemia De Covid-19: Estragos En La Clase Trabajadora Latinaomericana

Rubén Matías García*

El mercado laboral en América Latina: pasado, presente y futuro | Nueva  Sociedad
Foto: Nuso

Para la gran mayoría de hogares de nuestra América es una realidad lacerante que la pandemia ha traído consecuencias desastrosas que se viven en lo cotidiano. Esa es una situación que todos conocemos y vivimos diariamente. No por ello debemos dejar de lado revisar la condición en que se encuentra nuestro mundo del trabajo con el objetivo de poder mirarnos y encontrarnos en la situación de otros trabajadores y trabajadoras latinoamericanas, incluso poder mirarnos en el espejo de eso que llamamos la clase trabajadora y poder reflexionar en nuestros problemas y nuestro interés compartidos por encontrar una solución a favor de las grandes masas populares.
La crisis actual no comenzó con la aparición del COVID-19 en nuestros países. La crisis que vivimos mundialmente tiene múltiples dimensiones: salud, social, política, cultural, económica, entre otras. Sin embargo, esta crisis ya se venía gestando desde hace algunos años atrás como parte de una crisis del capitalismo. A su vez, esta crisis forma parte de una crisis civilizatoria del capital que comenzó hace cuatro décadas y ha ido cimbrando los basamentos de la sociedad actual y que en su hambruna de ganancias el capital ha ido corroyendo las condiciones de vida y trabajo de las masas explotadas. Esta crisis es especialmente cruda contra los sectores populares de los países dependientes y periféricos. La pandemia del COVID-19 no podía llegar en peor época para la clase trabajadora de todos los países.

la precarización con nuevas modalidades, la pobreza, la informalidad y el desempleo moldean la actual situación de las grandes mayorías de la clase trabajadora en nuestros países

Un mundo del trabajo mezclado de precariedades

Después de cuatro décadas de eliminar derechos laborales, estabilidad, sindicatos, entre otros ataques a las condiciones laborales, la población trabajadora de la región latinoamericana en la actualidad muestra la gran paradoja de ser creadora de grandes riquezas, pero vivir en una gran precariedad. Además, el desempleo y la pobreza funcionan presionando para que esa población trabajadora tenga que laborar bajo peores condiciones que las de la generación de sus padres. Todo esto acompañado de una gran maquinaria ideológica que pregonaba el fin del trabajo, el individualismo y el capitalismo con neoliberalismo como la única opción de sociedad.
En este terreno fértil para la explotación de la fuerza de trabajo es que desde hace pocos años comenzaron a desarrollarse nuevas formas de precarización como el trabajo en plataformas o aplicaciones informáticas, la llamada uberización, que conviven con otras formas ya establecidas como el trabajo de maquila, los trabajos no pagados como los de cuidado e incluso coexisten con restos de trabajo esclavo en diversos países. Es decir, la precarización con nuevas modalidades, la pobreza, la informalidad y el desempleo moldean la actual situación de las grandes mayorías de la clase trabajadora en nuestros países.
De acuerdo con la OIT, en América Latina antes de la pandemia existían alrededor de 293 millones de trabajadoras y trabajadores, de los cuales el 54% eran trabajadores informales, es decir 158 millones de personas que trabajan, pero no tienen un contrato laboral, ni derechos sociales, ni estabilidad. Uno de cada cinco trabajadores seguía viviendo en pobreza extrema o moderada, es decir ganaba por debajo de 3.2 dólares estadounidenses diarios, esto significa 630 millones de trabajadores y trabajadoras en esa situación. Aun antes de la pandemia se preveía un escenario peor para las grandes mayorías de clase trabajadora latinoamericana. Así cuando la pandemia por COVID-19 comenzó a repercutir en todos los ámbitos de nuestras vidas, también dejó a los trabajadores y trabajadoras en condiciones más adversas. Conforme se dan a conocer informes y estudios acerca del impacto de la pandemia en el mundo del trabajo, se ha podido conocer el grave alcance de sus repercusiones en cuestiones de género, de clase y de edad. Aquí vamos a mencionar en una mirada general algunas de los frentes de batalla que abrió la pandemia del COVID-19 para la población trabajadora latinoamericana.

Una doble pandemia por cuestión de género

El trabajo de las mujeres no sólo aumentó con los trabajos de cuidados, la educación en casa y las tareas domésticas, también aumentó la violencia contra las mujeres en sus hogares, de ahí que se hable de una doble pandemia para ellas. A nivel mundial se estima que habría un aumento de casos de violencia doméstica de 31 millones entre mayo y noviembre de 2020. En América Latina son varios los países que han reportado un incremento de la violencia, como México donde se registró que entre enero y julio ocurrieron 124 mil casos de violencia familiar más que los registrados en el mismo periodo en 2019.

De acuerdo con la CEPAL entre enero y septiembre de 2020 en América Latina y el Caribe se han perdido horas de trabajo que equivalen a 149 millones de empleos de tiempo completo.


Creciente juventud e infancia trabajadora en el mundo informal

Las y los jóvenes de entre 15 y 24 años conforman la mayoría de la población trabajadora en el sector informal llegando al 67% en América Latina y el Caribe. Entre las y los jóvenes fue mayor el desempleo a causa de la pandemia, incluso supera casi al doble a la tasa de desocupación de otros grupos de edad. También la juventud es la principal fuente para el trabajo precarizado de repartidores para plataformas y aplicaciones informáticas como Uber, Didi, Cabify, Rapid, entre otras. En el caso del trabajo infantil se calcula un incremento de entre 109 mil y 326 mil niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años que se incorporarían al trabajo infantil, de acuerdo con cálculos de la CEPAL y la OIT. Esto sin considerar que también se prevé un incremento de la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes en el contexto de crisis en las familias.

Menos horas trabajadas

Los despidos y el cierre de los establecimientos se combinaron generando un escenario de incertidumbre para los y las trabajadoras, orillándolas, entre otras cosas, a aceptar una reducción en la jornada laboral y el pago, adelantar vacaciones, perder prestaciones sociales y adaptarse a trabajo en casa absorbiendo costos e incluso el aumento de la jornada sin el pago correspondiente. De acuerdo con la CEPAL entre enero y septiembre de 2020 en América Latina y el Caribe se han perdido horas de trabajo que equivalen a 149 millones de empleos de tiempo completo.

Mayor estrés laboral

La propia pandemia por COVID-19 trae elementos que aumentan el estrés laboral como la prolongación de la cuarentena, temores de infección, frustración, falta de alimentos o de atención médica, información inadecuada, pérdidas financieras y estigma social. A esto hay que agregar la incertidumbre por el presente y futuro laboral, malas condiciones de trabajo por la falta de equipos de protección personal o condiciones laborales inseguras, aislamiento social, cierre de escuelas y guarderías para los hijos, la imposibilidad de separar la vida laboral de la vida personal, falta de actividades de autocuidado como ejercicio o descanso, entre otras condiciones que han empeorado los niveles de estrés de la población trabajadora latinoamericana.

Batalla ideológica individualizante

La mayoría de los medios de información masiva, discursos gubernamentales y empresariales han apuntalado un discurso que apela a responsabilizar a la población a título individual del resguardo de su salud, invisibilizando el carácter precarizado de los trabajos que orilla a no poder quedarse en casa porque eso sería una condena a morir de hambre. Desde el discurso dominante se apela a que salvar la “economía” representa la posibilidad de salvar las vidas, cuando en realidad esa disyuntiva entre la economía y la vida muestra los límites agotados del capitalismo en que vivimos y padecemos.
Esta pequeña muestra de los estragos de la crisis y la pandemia dan indicios de cómo se ha descargado sobre el mundo del trabajo los costos de la crisis, por lo que también debieran ser las trabajadoras y los trabajadores artífices centrales en las propuestas de solución a la crisis y la pandemia en una apuesta por la defensa de la vida y por la construcción de alternativas sociales anticapitalistas.

* México, GT Crisis y Economía Mundial, doctorante. Posgrado en Estudios Latinoamericanos, UNAM.