El Legado De Las Mariposas*

Consuelo Ahumada**

República Dominicana. Mariposas luchadoras: las hermanas Mirabal – Resumen  Latinoamericano
Foto: Resumenlatinoamericano

Hace 60 años, el 25 de noviembre de 1960, aparecieron torturadas y asesinadas en el fondo de un barranco las hermanas Mirabal. El responsable fue Rafael Leónidas Trujillo, “el benefactor”, quien gobernó República Dominicana con puño de hierro durante tres décadas, en persona o mediante sus agentes serviles. Sin duda, fue una de las más sanguinarias dictaduras del Caribe, entre todas las que contaron con el respaldo incondicional de Washington. Cometió múltiples atropellos y crímenes contra la población. Con todo el poder del Estado y las fuerzas militares puestos a su servicio, persiguió, encarceló, torturó y desapareció a sus oponentes. Dejó más de 50.000 muertos, incluidas las víctimas de la llamada Masacre del Perejil, perpetrada en 1937 contra miles de inmigrantes haitianos, hombres y mujeres, que vivían en extrema pobreza.

la era Trujillo también exhibió un despliegue inaudito de atropellos contra las mujeres. El tirano y sus secuaces se ensañaron en especial con las niñas. Miles fueron acosadas, torturadas, violadas, prostituidas, compradas, vendidas, utilizadas para intercambio de favores y/o asesinadas, independientemente de su clase social.


Pero la era Trujillo también exhibió un despliegue inaudito de atropellos contra las mujeres. El tirano y sus secuaces se ensañaron en especial con las niñas. Miles fueron acosadas, torturadas, violadas, prostituidas, compradas, vendidas, utilizadas para intercambio de favores y/o asesinadas, independientemente de su clase social. La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, da buena cuenta de todas estas prácticas. Por lo demás, ha sido un comportamiento típico de dictadores tropicales, de gamonales andinos con poder y de paramilitares, tal como lo evidencian los relatos de las víctimas del conflicto armado colombiano
Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, conocidas como las mariposas, fueron entusiastas luchadoras contra la tiranía. Pero también denunciaron todo tipo de violencia contra las mujeres. Su asesinato tuvo un impacto significativo en el país y en el mundo. Pocos meses después, Trujillo murió en un atentado.
Para preservar la memoria de las hermanas Mirabal, el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe reunido en Bogotá en 1981, estableció el 25 noviembre como el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, una decisión que fue ratificada por la Asamblea General de la ONU en 1999.
En el mundo de hoy, el legado de las mariposas está más vigente que nunca. No es otro que la lucha contra la tiranía y sus atropellos, por la defensa del Estado de derecho y la democracia, por la conquista de la igualdad y los derechos de la mujer y contra la violencia de género. En el auge del descontento social en América Latina durante los últimos años, con particular intensidad en contra de los estragos del neoliberalismo, por la justicia social y por la defensa de la vida, la lucha feminista ha estado en primer plano.
Lo cierto es que el desarrollo tecnológico sin precedentes que ha experimentado la humanidad en este siglo convive con sociedades profundamente patriarcales, machistas y excluyentes. Por ello el avance en las luchas feministas no puede sorprender. En medio de la movilización social de Chile de finales de 2019 tuvo un impacto enorme “Un violador en tu camino”, dramatización que denuncia la violencia y el feminicidio y se difundió velozmente por las redes sociales en el mundo entero, sin distingo de etnia, religión, idioma o condición social. Allí se expresa con claridad la conexión existente entre el Estado opresor/represor, el capitalismo y el patriarcado. También debe destacarse la enorme acogida y las múltiples versiones del canto feminista originado en México, pero hoy latinoamericano, Vivir sin miedo. Ambas son expresiones de la movilización y toma de conciencia de las mujeres, en cuanto al carácter profundamente político de su lucha por la igualdad y en contra de la violencia de género.
No puede dejarse de lado que Latinoamérica es la segunda región, después de África, en donde se registra un mayor número de feminicidios por año. Según datos de la Cepal, de los 25 países con la tasa más alta de estos, 14 están en la región, donde en sólo dos de cada 100 casos los agresores son encarcelados. Pero además durante la pandemia se viene registrando un incremento significativo de la violencia contra la mujer y los feminicidios. Aparte del aumento exorbitante del trabajo del cuidado y del deterioro significativo de sus condiciones económicas y sociales, por ser un sector muy vulnerable, particularmente golpeado por la informalidad y el desempleo.
La subordinación de la mujer en la sociedad moderna tiene raíces históricas. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, F. Engels rebate las concepciones religiosas prevalecientes sobre el punto y señala que dicha subordinación fue el resultado del desarrollo de las fuerzas productivas que llevó al establecimiento de la sociedad de clases. La nueva organización social, correspondiente al matrimonio monogámico, se basó en el predominio del hombre y la subordinación de la mujer y su fin expreso fue la procreación de los hijos cuya paternidad fuera indiscutible para garantizar la herencia, una vez apareció la propiedad privada, que reemplazó al comunismo primitivo, en el cual la mujer tuvo un papel preponderante. Este modelo alcanzó su pleno desarrollo en la sociedad capitalista
Desde entonces, pero en especial a partir de la Edad Media, el papel de la religión ha sido y sigue siendo decisivo en el reforzamiento de estos valores patriarcales y machistas y en la construcción de estereotipos en torno a la mujer, sus supuestos valores, cualidades, obligaciones, sentimientos, debilidades, limitaciones, culpas.

La erradicación de la violencia contra la mujer está muy lejos de alcanzarse. En primer lugar, porque siguen prevaleciendo esos valores arcaicos que la legitiman y la justifican.


En el mundo de hoy, el fundamentalismo religioso, tanto protestante como católico, insiste en afianzar todavía más esos mitos, como parte de la agenda de la extrema derecha global. Una agenda marcada por supremacismo blanco, racismo, xenofobia, homofobia, uso de las armas, guerra, odio a la diferencia, destrucción de la naturaleza y mayor exclusión económica y social. Basta ver el peso que tuvieron estas concepciones en las elecciones de países como Brasil y Colombia.
La erradicación de la violencia contra la mujer está muy lejos de alcanzarse. En primer lugar, porque siguen prevaleciendo esos valores arcaicos que la legitiman y la justifican. En algunos países ha habido avances importantes en el terreno legal para prevenir y castigar las múltiples formas de violencia contra la mujer y los feminicidios. La movilización social ha sido fundamental, pero todavía falta mucho por hacer.
En segundo lugar, porque el neoliberalismo, como expresión más voraz del capitalismo, despoja a las mujeres, en particular a las más pobres, de las mínimas garantías para atender el trabajo del cuidado, que histórica y tradicionalmente se le ha atribuido. Reformas sucesivas y regresivas en el campo laboral y de seguridad social, como las impuestas por el gobierno colombiano en medio de la pandemia, dificultan cada vez más la perspectiva de la igualdad de la mujer en el trabajo y la sociedad.

* Una primera versión de este artículo se publicó en el portal las2orillas.co Bogotá, 25 de noviembre 2020.
** Colombia, GT Estado, desarrollo y desigualdades territoriales y GT Geopolítica, integración y crisis del capitalismo. Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad Externado de Colombia.