El Valle De Sula En Honduras: Una Inquebrantable Resistencia*

Mateo Crossa Niell**

Violación de los derechos humanos en la educación de Honduras – Revista TE
Foto: Tefecco

El pueblo hondureño vive actualmente acechado por la pandemia y las catástrofes ambientales que han causado cientos de muertes y enormes pérdidas en el país, así como por la violencia de un Estado que no ha funcionado más que para profundizar las desigualdades, la pobreza y la migración. Una de las regiones de Honduras más lastimadas por la pandemia y la destrucción causada por el paso del huracán Eta y la tormenta tropical Iota en menos de dos semanas ha sido el noroccidente, específicamente el Valle de Sula, que se ha visto devastado por las inundaciones causadas por la crecida de los ríos Ulúa y Chamelecón.
La magnitud de la destrucción hace imposible que hasta la fecha se tenga certeza de los desoladores efectos que estos fenómenos han tenido en la región y en el país, no sólo por la destrucción que han causado en el Valle de Sula sino también por la adversidad que provocó en el departamento de Santa Bárbara y en el amplio territorio históricamente agraviado de La Mosquitia. Se anuncia que al menos tres millones y medio de hondureños y hondureñas resultaron afectados por estos fenómenos, mientras que por lo menos medio millón han sido desplazados internos por la misma causa.
En este contexto, se ha señalado que los daños de los huracanes duplicarán el déficit habitacional del país, lo cual equivaldría a una necesidad aproximada de 2.5 millones de hogares. Algunos economistas han calculado que el impacto del Eta y Iota podría alcanzar hasta el 40% del Producto Interno Bruto o bien 5 años de retroceso, lo cual representa una economía nacional asolada en la que el índice de pobreza puede alcanzar hasta el 80% para 2021. A esto se suman las enfermedades que se puedan generar tras el paso de los huracanes y la vulnerabilidad de 1.5 millones de niñas y niños expuestos a los daños.

El pueblo hondureño vive actualmente acechado por la pandemia y las catástrofes ambientales que han causado cientos de muertes y enormes pérdidas en el país, así como por la violencia de un Estado que no ha funcionado más que para profundizar las desigualdades, la pobreza y la migración


El Valle de Sula actualmente arrasado, ha sido históricamente el corazón de la ocupación trasnacional en Honduras, desde la histórica presencia de grandes extensiones de plantíos de banano controlados por la United y Standard Fruit Company, hasta grandes terrenos ocupados actualmente por multinacionales de la industria maquiladora.
Desde hace un siglo, esta región de poco más de seis mil kilómetros cuadrados, fue apropiada por las empresas bananeras estadounidenses que se extendieron a través de miles de hectáreas de monocultivo que se comunicaban por vías férreas que desembocaban en muelles y puertos de la costa para exportar a EUA. Ahí se produjeron las condiciones de mayor barbarie laboral, como bien lo demuestra la pluma de Ramón Amaya Amador en la novela Prisión Verde, pero también los actos populares de mayor rebeldía, tal y como ocurrió con la histórica huelga Bananera de 1954 en la que retembló el poder del dinero frente a la inmensa insurrección obrera que sacudió al país entero, teniendo su epicentro en el municipio de La Lima que actualmente se encuentra severamente dañado.
A partir de la década de los 80, cuando Honduras se convirtió en el apéndice del dominio económico y político estadounidense en Centroamérica, miles de millones de dólares extranjeros ingresaron al Valle de Sula para instalarse como industria maquiladora de exportación, aprovechando las precarias condiciones salariales que predominan en el país, además de la ubicación estratégica que tiene el Puerto Cortes para exportar bienes manufacturados hacia la Florida en EUA. Desde aquellas fechas hasta la actualidad, impulsado por políticas económicas neoliberales que sólo han garantizado la venta del territorio nacional a las grandes empresas, el Valle de Sula pasó a convertirse en el enclave manufacturero exportador sobre el cual recae el grueso de la economía nacional.

economistas han calculado que el impacto del Eta y Iota podría alcanzar hasta el 40% del Producto Interno Bruto o bien 5 años de retroceso


Un corredor industrial maquilador que abarca desde Choloma hasta El Progreso se ha formado a lo largo de los años para absorber un enorme ejército de trabajadoras y trabajadores que originalmente migraron desde regiones rurales para instalarse en las líneas de producción, laborando día y noche, 12 horas diarias sin parar, cosiendo prendas básicas y ensamblando arneses exportados al mercado estadounidense. Ciento cincuenta mil trabajadores y trabajadoras de la maquila se han instalado en las diferentes colonias populares del Valle de Sula, enfrentándose y organizándose diariamente contra la permanente vejación y violación de derechos laborales. Esto ha convertido a este histórico espacio en un territorio marcado no sólo por la explotación de las grandes empresas, sino también por la digna resistencia y rebeldía que no deja descansar a los dueños del dinero.
Desde la década de los años noventa, cuando la maquila se encontraba en pleno apogeo, organizaciones obreras estallaron huelgas históricas a lo largo y ancho del Valle de Sula para denunciar bajos salarios, despidos, jornadas extenuantes y trabajo infantil. Desde este lugar se organizaron campañas globales de denuncian que han puesto en jaque a las marcas de ropa por su responsabilidad y total impunidad en la precarización del trabajo. Además, esta rebeldía también ha sido vertebral en la solidaridad con la organización laboral de otras actividades económicas, en la formación del movimiento sindical de la industria melonera, en el apoyo a las demandas obreras del sector del banano, en la lucha feminista contra la violencia patriarcal, en la rebelión contra los fraudes electorales y contra las políticas neoliberales de privatización de la educación y la salud pública.
Las colonias obreras devastadas por el paso de los huracanes Eta y Iota se fueron construyendo y ampliando con los años por trabajadoras y trabajadores que fueron erigiendo sus hogares sin la ayuda de nadie más que su fuerza de trabajo. Por más que los medios de comunicación empresariales y la clase política busquen presentar el actual desastre como una causa ajena y externa, la devastación causada por estos fenómenos meteorológicos (producidos por efectos del calentamiento global) sólo evidencia un robo histórico e institucionalizado de riqueza que, en lugar de quedar en manos de la población trabajadora que diariamente la crean con su trabajo, ha sido expoliado para quedar en las arcas de las grandes corporaciones maquiladoras y bananeras que por años han ampliado su acumulación a costa de la vida obrera. Este robo institucionalizado, ha provocado una escasez generalizada que se refleja en falta de vivienda digna y de seguridad en la reproducción de la vida obrera del Valle de Sula.
Por tanto, el problema no radica únicamente en la fuerza de los huracanes Eta y Iota en Honduras y en el Valle de Sula, sino en las décadas de expoliación de riqueza que ha dejado a la población trabajadora del campo y la ciudad al límite de la vida, sin garantías de seguridad, vivienda y trabajo digno. Esta larga historia de explotación y despojo de una economía de enclave como la hondureña es la mayor responsable de las consecuencias catastróficas que han generado el paso de los huracanes en Honduras, así como la pandemia que sólo se ha expandido en el país con un sistema de salud público quebrado.
Por tal motivo es que hoy el Estado hondureño brilla por su ausencia en promover políticas de prevención y emergencia que sirvan para la población damnificada que ha perdido sus hogares y sus trabajos, mientras que muchas corporaciones maquiladoras obligan a los trabajadores y trabajadoras a laborar mientras se ufanan anunciando con bombo y platillo “ayudas” a los empleados afectados, cuando estos han dedicado sus vidas a producirles sus ganancias y sus riquezas monopólicas.
Pero Honduras y el Valle de Sula también brillan por una inmensa e incalculable solidaridad popular que se mira en las calles, con brigadas de limpieza, recaudación y distribución de víveres y apoyos que sí alcanzan a las y los damnificados. Organizaciones de pueblos originarios, organizaciones barriales y organizaciones sindicales responden al escenario adverso, movilizándose y solidarizándose con la población lastimada; porque así como han construido sus vidas en la región dañada con su propio esfuerzo colectivo, en contracorriente y con un Estado que históricamente les ha dado la espalda, hoy se enfrentan al desastre causado por el paso de huracanes con un sentido de auto-organización para la sobrevivencia que busca poner la vida por delante.

Honduras y el Valle de Sula también brillan por una inmensa e incalculable solidaridad popular que se mira en las calles, con brigadas de limpieza, recaudación y distribución de víveres y apoyos que sí alcanzan a las y los damnificados.


Sindicatos de la industria maquiladora y del sector banano, producto de décadas de reivindicación gremial y social, hoy organizan brigadas para monitorear, recaudar y entregar víveres a la población afectada (no sólo a los agremiados), además de denunciar los abusos a los que están siendo sujetos por parte de las empresas -muchas de ellas obligando a los trabajadores y trabajadoras a presentarse a la fábrica para laborar pese a la condición adversa. A pie, en carros y en lanchas, las mismas estructuras organizativas que se han creado en estas industrias para resistir a la constante vejación laboral y solidarizarse con otras luchas en el país, ahora sirven como sostén de apoyo para la población damnificada.
De esta manera se demuestra, una vez más, que frente a un ilegitimo Estado indolente, que se sostiene a punta de fraudes, corrupción y pólvora y que sólo da la espalda al dolor y las necesidades apremiantes, ha sido la autogestión, la autodeterminación y la organización de los trabajadores y trabajadoras la mayor herramienta que se tiene para enfrentar las consecuencias catastróficas generadas por los huracanes y la pandemia en Honduras, especialmente en su memorable Valle de Sula.

* Este trabajo fue publicado en diciembre de 2020, en Nueva Sociedad, https://nuso.org
** México, GT Crisis y Economía Mundial, Investigador del Instituto Mora.