Una Agenda De Debates Para Nuestramérica

Julio C. Gambina*

Nuestra América | VA CON FIRMA

Sobre el final del 2020 tenemos sensaciones contradictorias sobre la realidad regional. Una realidad que exacerba ciertos problemas estructurales e históricos de la cotidianeidad regional, entre ellos la pobreza, la desigualdad y la baja de ingresos populares con desempleo y precariedad, que pone en cuestión el imaginario social de logros civilizatorios que animaron los años recientes en Nuestramérica. Logros por el “desarrollo” de los 50/70 con la industrialización sustitutiva y la extensión de derechos sociales; o más acá, en la primera década del Siglo XXI, relativas al “cambio político y económico”, de contenido crítico a la hegemonía liberalizadora impulsada entre los 80/90 del Siglo XX.

Son tres casos en proceso, con debates sobre su presente y destino, pero que generan condición de posibilidad para pensar una agenda que dispute el poder establecido del orden capitalista contemporáneo.


Aquel “desarrollismo” fue bandera de solución a los problemas regionales y motivó interesantes debates intelectuales y políticos entre estructuralistas, dependentistas y marxistas, liberales ortodoxos, que en definitiva suponían una discusión en torno al capitalismo realmente existente en nuestros territorios, e incluso a su superación con el proceso de la revolución cubana y el intento chileno por vía electoral a comienzos de los 70, abortado con la violencia del terrorismo de Estado.
Más acá, la situación se animó con la discusión sobre si alcanzaba con la crítica al neoliberalismo, o si lo que se demandaba era la superación del régimen del capital. Un nuevo imaginario para el debate surgió con los “derechos de la naturaleza”, la “plurinacionalidad”, la dimensión “comunitaria” de la producción, la “integración alternativa” no subordinada a la lógica de la hegemonía capitalista, y por supuesto la recreación del horizonte por el “socialismo” y la promoción de antiguas cosmovisiones por el “vivir bien” o el “buen vivir”.
Decimos sensaciones contradictorias por la importancia de la articulación de lo subjetivo y lo objetivo en el proceso de la lucha de clases en la región, que supone iniciativas y acciones contradictorias desde el poder y el contrapoder.
Por un lado, se procesaron acontecimientos que generaban incertidumbre y que culminaron con resultados alentadores: remito a las elecciones presidenciales de Bolivia, al plebiscito chileno sobre reforma constitucional y a las legislativas de Venezuela. Sus resultados no eran aleatorios sino sustanciales para intervenir en la posibilidad de una agenda de cambios integrales en la región y en el mundo. Cada uno de esos procesos tiene su especificidad, pero en conjunto pueden contribuir a definir tendencia en la disputa del “sentido común” instalado de retorno conservador de la mano del golpe boliviano de fines del 2019, la continuidad esencial del pinochetismo por décadas en Chile, o el pretendido doble comando legislativo venezolano desde 2015, que alentaron y apoyaron los poderes imperialistas en EEUU y Europa. Son tres casos en proceso, con debates sobre su presente y destino, pero que generan condición de posibilidad para pensar una agenda que dispute el poder establecido del orden capitalista contemporáneo. Podemos imaginar un cuadro de recomposición de estrategia por el cambio potenciando procesos de una nueva dinámica en México, Ecuador o Argentina.

El informe de la riqueza 2020 del Credit Suisse señala que el 1% superior de los hogares en el ámbito mundial es poseedor del 43,4% de toda la riqueza. En el otro extremo, el 53,6% apenas asume el 1,4%


Por el otro lado, el 2020 es año de crisis recesiva, de arrastre con los procesos globales del 2007-09, agravada en la coyuntura por la pandemia del coronavirus. Es una situación que evidenció los límites de nuestras sociedades y regímenes políticos para atender emergencias socioeconómicas que elevaron la vulnerabilidad de millones de personas. Sistemas de salud colapsados por la tendencia recurrente de la mercantilización y privatización en un marco de extranjerización de nuestras economías. Son el resultado de las políticas hegemónicas inspiradas en el Consenso de Washington en los 90 del siglo pasado. El presente aciago de Nuestramérica, en términos de pobreza, desempleo, desigualdad y marginación se explica por la deliberada política emergente en el Cono Sur con las dictaduras del terrorismo de Estado. Discutir este diagnóstico es de suma importancia. El saqueo de nuestros bienes comunes, la concentración económica transnacionalizada y la extranjerización son el resultado de un accionar deliberado que resulta en el drama social de la miseria que nos devuelven las estadísticas.
Esos son los argumentos que nos permiten aludir a una sensación contradictoria. En todo caso, lo que importa es discutir cuál de las dos descripciones se impone. Si la realidad de explotación y saqueo, con beneficiarios que acumulan en el sistema mundial es la que se termina imponiendo, o, por el contrario, son las expectativas esperanzadas emanadas de la lucha y organización popular quienes establecen un nuevo sentido común para la transformación social. Se trata de un dilema que atraviesa el futuro cercano y compromete el largo plazo. La iniciativa política del poder se asentó en el estímulo a procesos conservadores y de derecha, boicoteando todo proceso de transformación. Cuba da cuenta de ello con abnegada lucha y empecinamiento por hacer realidad la construcción del socialismo, pero también están todos los procesos que en estos años se propusieron ir en contra y más allá del capitalismo.
Por eso importa instalar una agenda alternativa para pensar Nuestramérica en los tiempos que vienen.


Organización y lucha para un orden alternativo, en contra y más allá del capitalismo

Atrás quedó la ilusión desarrollista inspirada en “modelos” presentados en los años de la posguerra, incluso la concepción “neo” de los años recientes, como si fuera posible recrear una imagen de “capitalismo autónomo, nacional” en tiempos de transnacionalización. Se trata de una evidencia relativa a que no hay expectativas de cambios, o de mejora social en el marco de las relaciones capitalistas de producción. Es todo un debate sobre el diagnóstico de lo que acontece y sobre cuál es el programa real y posible para atender los problemas de fondo de la mayoría social empobrecida, explotada y para terminar con el saqueo de los bienes comunes. Definir el rumbo estratégico es fundamental, asumiendo la mejor tradición crítica de los fundadores de la tradición por el socialismo: Marx y Engels.
Hace dos años conmemoramos el bicentenario del nacimiento de Marx en 1818 y ahora el de Engels en 1820. Su titánica tarea se construyó en cimentar las bases de la crítica al capitalismo de su época, teórica y políticamente. Hoy se requiere volver sobre esas esencias para discutir con la sociedad explotada y saqueada la constitución en sujetos conscientes para el cambio sistémico. La ley del valor sigue explicando la apropiación privada del excedente, que ratifican los datos de la concertación y miseria que se difunden en variadas e indiscutidas fuentes, tal como corrobora el Informe anual del Credit Suisse (Informe sobre la riqueza global 2020. Octubre 2020). Lo que se ve es una expansión abismal de la grieta de ingresos y en definitiva de riqueza entre muy pocos que acumulan patrimonio y renta, y millones en condiciones de vida cada vez más precaria. El informe de la riqueza 2020 del Credit Suisse señala que el 1% superior de los hogares en el ámbito mundial es poseedor del 43,4% de toda la riqueza. En el otro extremo, el 53,6% apenas asume el 1,4%, dando cuenta de la enorme desigualdad en el orden capitalista contemporáneo.
Es una realidad que se replica en todo el mundo y en cada país, con una América Latina y el Caribe que se exhibe al tope de la desigualdad en todo el mundo, fuertemente impactada por el COVID19. Resulta curioso que las derechas y los poderes más conservadores renieguen de políticas sociales, aun compensatorias. Ni imaginar si esas medidas tuvieran proyección revolucionaria, que es lo que proponemos instalar como debate urgente, inspirados en la demanda de soluciones inmediatas de la población más perjudicada.
En rigor, nuestra propuesta está sostenida en el clamor que proviene de organismos internacionales, los que emergieron y actúan en defensa del capitalismo, pero que sostienen, desde la defensiva “salvar” o “sostener” el orden capitalista. La OIT, preocupada por la caída de los salarios en su informe de situación 2021/21, incluso otros organismos internacionales sostienen que hay que mantener la política fiscal de contención de los sectores más desfavorecidos, aun emitiendo enormes masas de recursos. Es un argumento a contramano de la lógica ideológica de la corriente principal en la disciplina económica.
El horizonte de preocupación no es solo el 2020 sino también el 2021 y quizá más allá, aun cuando haya vacuna y se empiece la recuperación económica, un fenómeno previsible ante las aperturas de diversas actividades. Hay que reconocer que estos efectos son causas de la forma de funcionamiento del capitalismo de esta época.
Aún dentro del capitalismo, hasta el poder mundial más racional, si es que eso es posible, reconoce que se requieren políticas activas para defender el empleo y el salario, que se requieren de recursos suficientes para atender necesidades sociales en el marco de un capitalismo depredador que afecta con pandemias, caso del COVID-19, que no será la última y que pasa a ser constitutiva de la nueva normalidad de la civilización actual. La sociedad popular está comprometida en Nuestramérica a sostener una agenda alternativa que ponga en discusión al capitalismo en esta tercera década del Siglo XXI y para ello resulta imprescindible recuperar el pensamiento y la acción de la crítica.

*Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, presidente de la FISyP, vicepresidente de SEPLA.