Los Jóvenes en Tiempos de Covid – 19: Futuro Incierto

Fuente: Reddigital

Patricia Pozos Rivera*

Sin duda, todos hemos sido afectados en nuestros ritmos y calidad de vida durante el último año, como resultado de la enfermedad COVID–19, así como de las medidas para mitigar la propagación del virus SARS– COV–2. La diferencia en la magnitud, impacto y secuelas son determinadas por diversos factores sociales, entre los principales: la clase social, el género, y la edad.
Los jóvenes (adolescentes y veinteañeros) y adultos jóvenes, quienes se encuentran en su tercera década de vida, han tenido graves afectaciones en nuestros países de América Latina y el Caribe, debido a que sus cursos de vida, propios de su edad, los colocan todavía en procesos de formación profesional, formación de su identidad, la búsqueda del primer empleo; todas ellas decisiones que determinan su trayectoria de vida marcadas por la dependencia económica y la búsqueda de la emancipación. Ya antes de la pandemia demandaban atención urgente, ahora reclaman cuidados intensivos.
Las dimensiones de las problemáticas juveniles son diversas, señalaremos algunas características de su situación en el mercado laboral y de las repercusiones sociales y en su salud mental, física y emocional.

Debemos enfatizar que la catástrofe actual de los mercados laborales, no es resultado de la actual crisis sanitaria, sino de transformaciones que promovieron los dueños del capital productivo para recuperarse de la crisis estructural de los años setenta.


La crisis en el mercado laboral no es por la COVID – 19

La emergencia sanitaria es, sin duda, el problema que debe ser atendido en primera instancia. Inmediatamente después, se debe intervenir para atender a los afectados económicos. Sus filas las están engrosando: desempleados, subempleados, sobre todo jóvenes, trabajadores por cuenta propia y trabajadores migrantes.
Debemos enfatizar que la catástrofe actual de los mercados laborales, no es resultado de la actual crisis sanitaria, sino de transformaciones que promovieron los dueños del capital productivo para recuperarse de la crisis estructural de los años setenta.
Dichas transformaciones tuvieron como resultado lo que hoy en día llamamos flexibilidad laboral.
La COVID-19 golpeó aún más los mercados laborales precarizados a nivel mundial por la contracción de las actividades económicas sin precedentes en la historia reciente. El FMI calculó una contracción de 8 puntos para América Latina y el Caribe. México, por su parte, tuvo una caída mayor, 9 puntos del PIB, derivado del cierre de las actividades catalogadas como no esenciales después de la declaratoria de emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor, publicada en el Diario Oicial de la Federación del día 30 de abril de 2020.

Latinoamérica es la segunda región, después de África, en donde se registra un mayor número de feminicidios por año.

Mercado Laboral juvenil en crisis

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, señala que en nuestra región el número de personas que buscan empleo y no lo pueden obtener alcanzó los 30.1 millones. La población que dejó de buscar empleo, porque perdió la esperanza de encontrarlo en el contexto de la pandemia fue de 23 millones de mujeres y hombres. De los nuevos desempleados 6 millones fueron hombres y mujeres jóvenes entre 15 y 24 años. (OIT, 2020, Panorama Laboral 2020. América Latina y el Caribe, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Lima, p. 8).
A nivel mundial, 267 millones de jóvenes de 15 a 24 años, 22% de dicho grupo etario, no tienen empleo ni educación o formación (OIT, 2020, Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. Tendencias 2020, p. 6). La tasa de desocupación juvenil alcanzó en la región de América Latina y el Caribe un nivel nunca antes visto de 23.2%, esto quiere decir que casi 1 de cada 4 jóvenes en el mercado laboral de la región estaba sin empleo en el tercer trimestre del año pasado (OIT, 2020, Panorama Laboral 2020. América Latina y el Caribe, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Lima, pp.13). Además, dicha tasa de desocupación es tres veces la de los adultos (Gómez, María Fernanda, 2021, “Crisis laboral de la juventud y COVID–19: una cicatriz prolongada” en Factor Trabajo, BID, 14 de enero de 2021).
Su gran productividad, propia de su juventud, así como su baratura, los vuelve trabajadores atractivos en empleos caracterizados por la inestabilidad, los bajos salarios y la nula seguridad social, entre los más comunes en esta pandemia, son los de repartidores de comida, gestionados por plataformas digitales de empresas que han visto crecer sus ganancias en lo que va de la pandemia.
Otra de las características que hace de los jóvenes una fuerza laboral requerida en los mercados laborales es que son aptos para adaptarse a nuevas formas de trabajo, entre otras: freelance o gig economy, estos últimos son trabajadores “esporádicos, que tienen una duración corta y en los que el contratado se encarga de una labor específica dentro de un proyecto”, esta modalidad de empleo surge en Estados Unidos a raíz de la crisis del 2008 – 2009 (BBVA, 2018, “¿Qué es la gig economy?”, https://www.bbva.com/es).
Para el caso de México, de acuerdo al INEGI, la mitad de los desocupados se agrupa en la población de 15 a 29 años, su tasa de desocupación es del doble a la que se tiene a nivel nacional. También son muy afectados por la subocupación pues 25% de ellos son menores de 29 años.

Repercusiones sociales y de salud

El trágico panorama laboral de los jóvenes, la crisis económica y el aislamiento social en el contexto de pandemia, son el caldo de cultivo perfecto para que se generen diversas problemáticas sociales, solo por mencionar algunas: aumento de la violencia en los hogares, matrimonios forzados para niñas y adolescentes, aumento de la carga del trabajo doméstico para mujeres jóvenes y niñas, la deserción escolar, la inestabilidad familiar por la muerte de los padres. Que a su vez se combinan con otras problemáticas que ya venían de larga data como su incorporación en actividades delictivas, la falta de oportunidades para que ingresen al sistema educativo y el aumento en el consumo de alcohol y drogas.

de acuerdo al INEGI, la mitad de los desocupados se agrupa en la población de 15 a 29 años, su tasa de desocupación es del doble a la que se tiene a nivel nacional


También se ha documentado que el virus SARS–COV–2 tiene repercusiones en su salud física. Un estudio reciente del BID demuestra que, contrario a lo que se pensaba, los jóvenes también son una población que puede tener complicaciones graves e incluso morir por COVID en los países pobres, por la mayor facilidad de propagación del virus con una gran parte de la población en los mercados laborales informales (Chauvin, Juan Pablo, Annabelle Fowler y Nicolás Herrera L., 2020, The younger age profile of COVID 19 deaths in Developing countries, Inter–American Development Bank IDB, http//:www.iadb.org), porque tienen una menor posibilidad de contar con ahorro preventivo, y por ello tienen menos condiciones para poder mantenerse en aislamiento, combinado con un acceso más limitado a la atención hospitalaria.
Finalmente, también se ha deteriorado su bienestar emocional y salud mental. Los jóvenes que dejaron de trabajar y de asistir a la escuela, durante la pandemia, presentaron el doble de probabilidad de padecer ansiedad o depresión que los que siguieron en sus labores. (Gómez, María Fernanda, “Crisis laboral de la juventud y COVID–19: una cicatriz prolongada”, en Factor Trabajo, BID, 14 de enero de 2021). Doloroso el aumento de las estadísticas de suicidios en jóvenes, ya antes de la pandemia, esta era su segunda causa de muerte.

Conclusiones

Los jóvenes son, una población que requiere la intervención urgente de la política pública. Por un lado, son una fuerza de trabajo demandada en los mercados laborales porque son baratos, altamente productivos y adaptables a las nuevas formas de trabajo, pero también son los más afectados por el desempleo, y la subocupación.
La pandemia COVID–19 ha profundizado problemas previos como la flexibilidad laboral y la inestabilidad. Es muy probable que la trayectoria laboral de los jóvenes de nuestros países latinoamericanos, sea marcada a largo plazo, por su incorporación a trabajos precarios, inestables y con ingresos insuficientes: sin duda tienen el futuro incierto.

* México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesora de la Facultad de Economía de la UNAM.