Las Mujeres Entre Las Crisis Entreveradas

Josefina Morales*

Fuente: IMACTO

La crisis por la que atraviesa el capitalismo, catapultada por la pandemia del COVID-19 desde enero de 2020, es de alcance y naturaleza civilizatoria y en ella se entreveran crisis de diversa dimensión.
La gran crisis de 2008-2009, no resuelta, profundizaba las desigualdades económicas y sociales en casi todos los países del orbe, advertía las complejidades del capitalismo financiarizado y anunciaba una nueva etapa en la crisis de la deuda de las empresas trasnacionales. Asimismo, se registraban tendencias contraccionistas en las principales ramas industriales de la economía estadounidense, como la automotriz y la electrónica; emergían tendencias deflacionistas y el problema de la deuda resurgía amenazante en las empresas, en los hogares y en los gobiernos (véanse varias notas en los números del año pasado de este boletín).

La crisis por la que atraviesa el capitalismo, catapultada por la pandemia del COVID-19 desde enero de 2020, es de alcance y naturaleza civilizatoria y en ella se entreveran crisis de diversa dimensión.


Los Estados nacionales reaccionaron, por lo general, tarde y parcialmente, sin perspectiva de género, a las múltiples aristas de la crisis. En primer lugar “descubrieron” las ruinas de los sistemas de salud pública que habían dejado más de tres décadas de gobiernos neoliberales: la falta de personal de salud (médicos, enfermeras, técnicos especializados, insumos y aparatos médicos), la falta de mantenimiento de las instalaciones médicas y la insuficiencia de las mismas; en segundo lugar, advirtieron la falta de investigación nacional, pública, en el área biomédica; y, paralelamente, se encontraron sin recursos financieros, situación que llevó a varios gobiernos a volver al endeudamiento público; casi un año después aceptaron, por último, que el mercado no podía satisfacer las necesidades de salud pública, de las vacunas, lo que exhibía el oprobio de la mercantilización de la salud a la que había llevado el neoliberalismo.
La dimensión política de la crisis cobró un primer plano en varios países, mostrando, una vez más, que la economía no sólo es una relación productiva-financiera, ni sólo una relación capital/trabajo, es una relación de clase, de poder. La más estridente se exhibió en Estados Unidos con el asalto al Capitolio por las turbas trumpistas el 6 de enero pasado. En Chile la descomposición y autoritarismo creciente del gobierno respondió con violencia a las manifestaciones multitudinarias que demandaron una nueva Constitución. En Ecuador y en Argentina rechazaron los acuerdos del Fondo Monetario Internacional. Y en este último país, las mujeres alcanzaron un triunfo histórico en el derecho a decidir sobre su cuerpo.
En esta nota interesa destacar que en las políticas públicas de los gobiernos frente a la crisis no se registraron, por lo general, perspectivas de género. Es decir, en la mayoría de los países, se diseñaron y ejercieron, sin considerar las condiciones de las mujeres, políticas genéricas de apoyo para el gran capital, en primer lugar; para medianas y pequeñas empresas después y, al último, algunos apoyos de emergencia, insuficientes y ocasionales, para atenuar el impacto de la crisis en los trabajadores ante la pérdida masiva de millones y millones de puestos y horas de trabajo en el mundo.
A la pérdida de empleo de las mujeres se sumó la intensidad en el trabajo femenino: de la doble y la triple jornada. En estos tiempos de pandemia la mujer tuvo que multiplicar su trabajo en casa: al cuidado tradicional de los niños y maridos, de la familia, del aseo de la casa y la elaboración cotidiana de la comida, se agregó el apoyo en casa para la educación de los niños y el cuidado en casa de los enfermos.
El trabajo de cuidado, responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, mal pagado o ignorado, mostró su naturaleza imprescindible en la existencia y reproducción de la vida en esta pandemia. También se exhibió el insuficiente reconocimiento de su trabajo, pues se mantienen las diferencias estructurales y sociales de género (salarios menores, insuficientes puestos directivos y falta de prestaciones, entre otras), en un sistema patriarcal milenario.
Otra dimensión de la crisis civilizatoria es la correspondiente al cambio climático que está destruyendo las condiciones de vida de los pueblos, particularmente de los más vulnerables, como son los que viven en las islas del Caribe y en la región Centroamericana. Y también la vida de los que habitan en territorios víctimas de la actividad depredatoria del capital, ya sea en la extracción de energéticos, sobre todo la realizada por el fracking, o en la explotación minera. La lucha por la vida de estos pueblos ha cobrado la vida de destacados dirigentes sociales ambientalistas en Nuestra América, en Argentina, Chile, Colombia, México…
Tampoco se atiende con perspectiva de género la problemática de dos de los sectores más importantes de la economía de los servicios, en donde la participación femenina es determinante y mayoritaria: la salud y la educación.
Estas graves condiciones sociales y laborales en las que viven las mujeres palidecen ante la violencia machista que las asesina, las viola, las acosa y agrede cotidianamente en Nuestra América. En tiempos de pandemia esta situación se agravó y alcanza a las niñas y los niños, hijos de mujeres en condiciones críticas. Las mujeres asesinadas son miles: ni una más es nuestro grito permanente.

El trabajo de cuidado, responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, mal pagado o ignorado, mostró su naturaleza imprescindible en la existencia y reproducción de la vida en esta pandemia.

Las mujeres entre las crisis en Nuestra América

La crisis de la pandemia en Nuestra América se entreveró, se traslapó con la crisis económica que desde hace varios años nos arrastraba a bajos crecimientos, desigualdades crecientes y pobreza extrema.
La Cepal, en el número 9 de su Informe Especial COVID-19 y en otros informes y estudios sobre la crisis, afirma que, en el avance de una nueva década perdida se profundiza la pobreza y la desigualdad de género; en particular, advierte “un retroceso de más de diez años en su participación de las mujeres en el mercado laboral”. Estima que alrededor de 118 millones de mujeres latinoamericanas vivirán en situación de pobreza. Las mujeres están presentes, en mayor medida, en los sectores económicos y sociales más vulnerables a la pandemia; aumenta el número de hogares y de la pobreza en las unidades familiares bajo la responsabilidad de la mujer; las mujeres tienen menores condiciones, herramientas, para enfrentar la crisis; fue mayor el desempleo femenino que el masculino; las mujeres se concentran en el sector informal, es decir, sin derecho a la salud, sin salario permanente, sin prestaciones, hundidas en el trabajo precarizado y en el de menor calificación profesional.
En el boletín no. 2 del Grupo de Trabajo de CLACSO, Feminismo, resistencias y emancipación, se presentan cinco trabajos que incluyen análisis de experiencias y problemáticas particulares y un debate feminista sobre la propuesta de la renta básica universal; en la introducción se destaca que en esta crisis sistémica, se registran dos rasgos: los impactos “negativos más acentuados para las mujeres y, paradójicamente, el protagonismo femenino en las dinámicas socioeconómicas de respuesta a la crisis, en las iniciativas para encarar la emergencia y generar condiciones de vida en medio de la adversidad.”
El alcance civilizatorio de esta crisis histórica del capitalismo y las luchas de las mujeres por la vida, el reconocimiento de su trabajo múltiple y diverso, esencial para la vida, demuestran que otro mundo es posible, sí, con ellas, pues sin ellas no se lograrán las transformaciones estructurales, económicas, sociales, políticas y culturales que abran el camino hacia la transición histórica en la que convergen las múltiples luchas y sueños de los pueblos.

* México, GT Crisis y Economía Mundial, Investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Presidenta de la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política (SEPLA).