El pesado Q’epe sobre las espaldas de la mujer Boliviana

Shirley Nadia Ampuero Ampuero*

Fuente: Cubadebate

La pandemia ha agudizado las desventajas sociales de las mujeres, obligándolas a llevar sobre sus hombros y cuesta arriba el peso social y económico de la pandemia. Yendo desde el aspecto más escabroso hasta el más cotidiano para vivir. En este texto vamos a analizar la incidencia de la pandemia diferentes aspectos que sufrimos: el feminicidio, la violencia, servicio de salud, el desempleo y la doble jornada laboral.
En los últimos quince años en Bolivia se han alcanzado importantes avances en cuanto a la protección de los derechos de mujeres, aunque no son suficientes. Los principales avances han sido la Ley Nro. 348 del año 2013 junto con su reglamento y la Ley Nro. 1173 Abreviación Procesal Penal y de Fortalecimiento de la Lucha Integral Contra la Violencia a Niñas, Niños, Adolescentes y Mujeres. Entre los aspectos más importantes, estas leyes contienen: la pena de 30 años por Feminicidio; agravación de las penas por lesiones contra las mujeres; procesos de denuncia, creación de establecimientos de acogida, especialización de la policía, de juzgados y tribunales. Pasos fundamentales para avanzar por la igualdad, pero el camino por recorrer sigue siendo largo.

En los últimos quince años en Bolivia se han alcanzado importantes avances en cuanto a la protección de los derechos de mujeres, aunque no son suficientes.


Otros avances importantes en los últimos años fueron el Plan de Acción Contra los Feminicidios y la Violencia Machista en el gobierno de Evo Morales del año 2019, desplegado justo cuando Bolivia era catalogada como el país con mayor índice de feminicidios en América del Sur. Y actualmente, el gobierno del Presidente Luís Arce, ha anunciado el fortalecimiento de las políticas de despatriarcalización.
Pero estos avances están siendo rebasados por la realidad, peor aún con la pandemia, porque los casos de violencia contra la mujer continúan, los feminicidios también; y peor aún, persisten las denuncias de revictimización de las mujeres y la impunidad de los maltratadores en los procesos judiciales.
Como las leyes no están hechas en piedra son susceptibles a ajustes por falencias, por actualización o incluso mala interpretación. En Bolivia, actualmente se discute la modificación de la Ley No. 348, proceso que se ve empañado por las denuncias de colectivos feministas que están siendo excluidos de las discusiones.

Pandemia – Nos están matando

En enero de este año se registraron 10 feminicidios y se siguen sumando víctimas.
Los casos de feminicidios desde el 2018 al 2020 se han reducido, pero no significativamente, así lo demuestra el cuadro 1. Además, podemos afirmar, que durante la cuarentena rígida se agudizaron los feminicidios con 53 casos, en tan solo 71 días, que representan casi el 50% del total de casos de ese año, que llegaron a ser 113.
De los 113 feminicidios del año 2020, 12 tienen sentencia, 10 están extintos por la muerte del agresor, 65 están en la etapa preparatoria, 20 en etapa preliminar, 6 fueron rechazados. En el año 2019 se registraron 117 feminicidios de los cuales 22 tienen sentencia, 10 están extintos por muerte del agresor, 52 tienen la imputación formal, 18 están en etapa preliminar, 4 fueron rechazados y 1 sobreseído. En el año 2018 fueron 130 los feminicidios.
Actualmente, las instituciones encargadas de impartir justicia funcionan a media máquina desde la pandemia, haciendo más tardío el acceso a la justicia.
Pandemia – Violencia contra nosotras

Hasta noviembre del año 2020 se registraron 26.435 casos de violencia contra la mujer y durante la cuarentena los casos denunciados fueron 2.378. Sin embargo, se debe considerar que la cifra negra en las denuncias se incrementó, debido a la limitación de movilidad.
Las cifras de denuncias también nos revelan la concientización las mujeres que dejaron de guardar silencio ante los abusos.

persisten las denuncias de revictimización de las mujeres y la impunidad de los maltratadores en los procesos judiciales.

Mendigando Salud en la Pandemia

Con la pandemia se ha revelado la fragilidad del sistema de salud en Bolivia, al igual que en otros países de Latinoamérica. Si bien, una de las últimas acciones del gobierno de Evo Morales fue instaurar el Seguro Universal de Salud, después de dos años aún no se ha implementado de forma efectiva por la conflictividad política y la oposición de una parte del personal sanitario. Todos los bolivianos hemos sido víctimas del frágil sistema de salud, pero las mujeres por el factor embarazo aún más. Muchas mujeres a punto de dar a luz tuvieron que recorrer varios hospitales, en busca de uno donde las atiendan, esto provocó situaciones dramáticas.
La mayor fragilidad del sistema de salud fue la saturación de servicios, situación agravada por los hospitales privados que se declararon espacios libres de covid19, negando la atención a mujeres infectadas a punto de dar a luz; y también por el costo excesivo de la atención y medicación. El gobierno trata de regular precios de los servicios y los medicamentos, pero aún con los precios regulados siguen siendo prohibitivos para muchas mujeres.

Mujeres ayudando a mujeres

En Bolivia, la atención del embarazo y del parto es gratuita, está cubierta por el Sistema Integral de Salud. Además, las mujeres pueden acceder al Bono de Maternidad (Juana Azurduy de Padilla). Desde la pandemia muchas mujeres gestantes han acudido a las Matronas (mujeres parteras con conocimientos ancestrales). Estás mujeres son un alivio social frente a la saturación del sistema de salud. No se cuentan con muchas Matronas, ellas colaboran sobre todo en espacios rurales, pero por la pandemia algunas se trasladaron al área urbana.

Retroceso en la independencia económica femenina

Las cuestionables decisiones económicas y de gestión que tomó el gobierno boliviano en el año 2020, sumadas a la pandemia, ocasionaron, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE), el incremento de la tasa de desempleo de un promedio de 4,5% al 8,7%. Pero una vez más, el dato referente al desempleo femenino se agudizó más a causa de la pandemia, llegando la tasa de desempleo femenino del 11 por ciento.
La pandemia también impulsó el atropello a los derechos laborales, las (re)contrataciones por medio tiempo, otorgación de vacaciones durante la cuarentena y reducción de salarios son el pan de cada día para las trabajadoras.
Además, hay que tener en cuenta que, en Bolivia, el 70% de las mujeres trabaja en la informalidad según el INE. Trabajo caracterizado por ser precario ya que no cuentan con seguro médico, beneficios sociales, estabilidad económica, pero que, además, este trabajo informal, depende de la movilidad de las personas y ahora está siendo limitado por la pandemia. Para las jefas de familia, un día no trabajado implica un día que no tiene que dar de comer a su familia.

Las cifras de denuncias también nos revelan la concientización las mujeres que dejaron de guardar silencio ante los abusos.

De doble jornada a triple jornada


Si bien es conocido el concepto de la doble jornada, ahora con la pandemia se acrecienta la triple jornada. Se ha incrementado el rol de cuidadoras a tiempo completo de los hijos, además la gestión de la educación online de los hijos, porque si bien las maestras y maestros imparten su conocimiento, la responsabilidad de gestionar que la niña o niño permanezcan e ingresen al aula, el sacarle el mayor rédito a las pocas megas que podemos contratar y toda la parafernalia que implica la educación a distancia, recae sobre muchas mujeres. Y les afecta porque limitan su tiempo de trabajo remunerado y el tiempo de trabajo doméstico no remunerado

Conclusión

De todo lo expuesto, podemos concluir que la pandemia es una carga más en el pesado Q’epe (bulto de carga) sobre las espaldas de las mujeres, que agudiza la terrible desigualdad que padecemos, que propicia nuestra revictimización y la impunidad de nuestros maltratadores; afecta nuestra salud, sobre todo en el embarazo; y merma nuestros derechos laborales y económicos; además, nos triplica la jornada de trabajo.
En Bolivia, existe un blindaje normativo para la mujer aprobado en los últimos años que nos protege contra la violencia, que castiga el feminicidio, que protege nuestra salud, que protege nuestra economía y empleos pero que, sin embargo, no se aplica eficientemente y con la pandemia la situación empeoró. Antes de crear o modificar más leyes, el Estado debería empeñarse en hacer cumplir las leyes existentes, mediante inspectorías, auditorias y otros sistemas de control, si no todo esfuerzo quedará en lo mismo, en solo papeles.

* Bolivia, integrante del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).