Migración, crisis y alternativas

Ana María Aragonés*

fuente: Desinformemonos

La pandemia del coronavirus surgió en momentos de una Posguerra Fría convulsa y desordenada en el marco de una profunda desigualdad económica y social, resultado de un modelo económico que se mantuvo por más de tres décadas. A pesar de que las crisis de 2001 y 2008 obligaban a cambios radicales ante un régimen insostenible, la mayoría de los gobiernos optaron por mantener las mismas condiciones y estirar más allá de lo recomendable los factores que hacían más ricos a los ricos y más pobres a la mayoría de la población mundial. Las políticas económicas lesivas del neoliberalismo giraron en torno a la privatización de sectores tales como educativo y salud, renunciado el Estado a su responsabilidad de favorecer la redistribución del ingreso y avanzar hacia el desarrollo. Las privatizaciones fueron acompañadas por la flexibilización y desregulación de las relaciones laborales que contribuyó a la desprotección laboral, a la precarización de los empleos y al incremento del trabajo informal.
Este fue el caldo de cultivo de los masivos flujos migratorios que caracterizaron esta etapa del capitalismo y que resultaron funcionales para los países destino y sus empresarios al aprovecharse de la enorme vulnerabilidad de una migración que les permitió altas ganancias al incrementarse la explotación de esos trabajadores. La mayoría de las inconformidades y reivindicaciones que se encuentran en la base de los movimientos migratorios, tienen que ver con conflictos que los gobiernos no resuelven y las personas se ven forzadas a migrar para sobrevivir y buscar horizontes de vida dignos. Es muy lamentable comprobar que algunos países en el norte global criminalizan a los migrantes y los llaman “invasores indeseados”, manifestaciones claramente xenófobas y racistas. Tampoco la región latinoamericana ha escapado a manifestaciones similares cuando sus fronteras han sido transitadas por flujos migratorios. A pesar de compromisos internacionales adquiridos por la mayoría de los países que los obliga a la solidaridad y la cooperación.

Desde hace tiempo se estudian los migrantes conceptualizados “climáticos”, que son la más clara expresión de la devastación ambiental relacionada con las formas de depredación del sistema capitalista por su producción altamente contaminante.


Los migrantes son seres humanos cuyo futuro se pierde en campos de refugiados, en albergues convertidos en verdaderas prisiones y rechazados por los nacionales de los países a los que llegan. Se les conceptualiza de diferentes formas, migrantes económicos, refugiados en busca de asilo. La realidad es que huyen de conflictos de los que no son culpables, pobreza, hambre, guerras, violencia, sequías, inundaciones, etc. Los gobiernos responsables utilizan el expediente del “derecho a migrar” sin haber hecho efectivo “el derecho a no migrar”, fórmula garante para evitar que las personas se vean forzadas a salir de sus países.
Desde hace tiempo se estudian los migrantes conceptualizados “climáticos”, que son la más clara expresión de la devastación ambiental relacionada con las formas de depredación del sistema capitalista por su producción altamente contaminante. Procesos en los que el agua se está convirtiendo en un bien escaso, no sólo por la enorme explotación de los mantos freáticos sino también por estar pasando a manos privadas. Dramáticamente la gestión del agua se está convirtiendo en detonante de conflictividad social que acerca al mundo a una guerra por el agua.
Los datos de los migrantes internacionales son abrumadores. De acuerdo con Naciones Unidas el número de personas que vive en un país distinto del que nacieron es mayor que nunca: 272 millones en 2019, 51 millones más que en 2010. Comprenden hoy un 3,5% de la población mundial, monto que continúa ascendiendo con respecto al 2,8% de 2000 y al 2,3% de 1980. Por otro lado, al menos 79.5 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares, y entre ellas hay casi 26 millones de personas refugiadas, más de la mitad menores de 18 años.

Migración y género

Por su parte la Organización Internacional para las Migraciones señalaba que de las personas que migran, mujeres y hombres representan porcentajes prácticamente equivalentes. Aunque esto cambia en función de las situaciones de crisis y de las regiones, prácticamente la mitad de los refugiados, desplazados internos o apátridas, son mujeres y niñas cuyos riesgos, vulnerabilidades y necesidades varían en función del género y la pertenencia a distintos grupos humanos. Ha sido documentado que en las migraciones forzadas las mujeres son las más vulnerables al sufrir los mayores acosos y agresiones de todo tipo, por supuesto también sexual. Es urgente poner en práctica lo que diferentes organismos internacionales proponen en relación con proyectos que tomen en cuenta las necesidades concretas de género, que promuevan la igualdad de derechos en relación con el empleo y la movilidad y evitar prácticas discriminatorias en relación con el acceso a los servicios sociales.
Y si bien como señala Alicia Bárcena las mujeres han alcanzado enormes logros a partir de sus luchas por los derechos, la realidad muestra que la desigualdad de género continúa siendo un rasgo estructural también de la región latinoamericana. Las mujeres y las niñas siguen sufriendo de forma desproporcionada la pobreza, la discriminación y suelen desempeñar empleo inseguro y mal pagado. En pocas ocasiones alcanzan puestos directivos a pesar de tener las calificaciones necesarias para acceder a ellos, y la brecha salarial sigue acentuándose.

en las migraciones forzadas las mujeres son las más vulnerables al sufrir los mayores acosos y agresiones de todo tipo

Eliminar la migración forzada: alternativas

La superación de la grave crisis que el mundo enfrenta no pasa por el cierre de fronteras, ni por el proteccionismo que, como pasó en los primeros años de la crisis 1929 fueron estrategias que profundizaron la depresión. Pasa por la colaboración y la solidaridad entre los países y por la construcción de un modelo que ponga la equidad en el centro de una nueva agenda de desarrollo cuyas políticas públicas estén dirigidas al bienestar de la población. De forma tal que los trabajadores estén en posibilidad de enfrentar y superar las restricciones del propio sistema capitalista y abatir así la migración por necesidad.
La historia ha mostrado las enormes dificultades para que las naciones logren acuerdos que les permita convivir en forma civilizada y en paz. ¿Cómo acceder a una gobernanza que logre minimizar los conflictos y maximizar la cooperación entre los Estados? Una propuesta para la región latinoamericana puede ser la integración regional en la que se promueva un nuevo modelo de desarrollo con igualdad, con perspectiva de género, que enfatice la cooperación, el desarrollo de las capacidades productivas, el intercambio educativo, de investigación, cultural y un comercio justo; sobre todo que pueda convertirse en un espacio de libertad de movimiento para los habitantes de esos territorios comunes, como sucede en la Unión Europea y el Mercosur.
México, importante expulsor de fuerza de trabajo, de tránsito y destino debe participar activamente en la consolidación de esa posible zona de cooperación para el desarrollo regional que haga efectivo el fenómeno migratorio como opción y no por necesidad.

*México, Investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM.