OFENSIVA CAPITALISTA CONTRA TRABAJADORES Y TRABAJADORAS

Fuente: elhistoriador.com.ar

Hugo Blasco*

El avance del capital sobre el trabajo que viene operando desde la década de los ’70 se ha dado sin pausa hasta la actualidad.

No es que antes de esa fecha no existiera la pretensión de las clases dominantes de imponerse sobre los sectores asalariados. La lucha de clases viene desde tiempos remotos.

Sin embargo, la clase trabajadora, en general, supo enfrentar los proyectos capitalistas con mucha inteligencia, con sus propios elementos teóricos, con mucha organización y capacidad de lucha. Todo esto no exento de contradicciones y debilidades muchas veces a raíz de adhesiones a proyectos políticos reformistas. Pero si comparamos la realidad de las y los trabajadores de aquel entonces con la actualidad notaremos profundas diferencias.

En aquella Argentina los sectores asalariados participaban prácticamente del 50% del Ingreso nacional, con niveles de ocupación altos y una legislación laboral que protegía al trabajador en forma importante.

Los sindicatos contaban con altísima afiliación con las consecuencias políticas, organizativas y económicas que ello significaba. Todo esto en un marco político social sumamente dinámico, politizado, donde las disputas políticas eran muy importantes hacia afuera y hacia adentro de las organizaciones sindicales.

Tengamos en cuenta el escenario mundial y regional. La victoria del pueblo vietnamita sobre el imperialismo yanqui, los procesos de descolonización, la lucha del pueblo palestino, entre otros ejemplos. Por otra parte, en Nuestramérica se daban procesos políticos muy intensos como resultado de la lucha de los pueblos.  Tal el caso del gobierno de Salvador Allende en Chile y siempre presente la referencia ineludible de la Cuba revolucionaria.

En esas circunstancias los sectores sindicales burocráticos no pudieron impedir la irrupción de expresiones combativas, democráticas, clasistas al interior de los sindicatos a las que intentaron neutralizar ejerciendo violencia en numerosas oportunidades contra compañeras y compañeros contando en no pocas ocasiones con la complicidad del Estado.

La violenta ofensiva de los sectores capitalistas más importantes del mundo, con la participación activa de los EEUU, en los planos político, económico, militar, y en estrecha relación con las oligarquías locales se expresó en la seguidilla de procesos de desestabilización política y la implantación de dictaduras en casi todo el territorio latinoamericano.

Quizás la primera experiencia neoliberal mundial haya sido la chilena a partir del golpe llevado a cabo contra Allende por parte de las Fuerzas armadas comandadas por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973. A escala planetaria el modelo neoliberal fue impulsado contemporáneamente por Ronald Reagan y Margaret Tatcher en EEUU y Gran Bretaña, respectivamente, entre los más destacados.

En nuestro país la dictadura genocida que asumió el poder total el 24 de marzo de 1976 tuvo como objetivo principal la reconversión del capitalismo argentino acorde los nuevos vientos que soplaban en el mundo.

Las clases y sectores dominantes recurrieron a las fuerzas armadas para eliminar cualquier tipo de oposición a la implementación de sus planes económicos. En tal sentido es importante señalar que más del 60 % de las y los desaparecidos eran integrantes de conducciones gremiales, juntas internas, delegados. Los sindicatos eran un enemigo a disciplinar y el terror era uno de los métodos utilizados.

Sin embargo, es el movimiento obrero uno de los principales opositores a la dictadura, hecho no muy reconocido en general.

Las consecuencias de la aplicación del modelo neoliberal en la Argentina, que tuvo sus mayores expresiones a partir de 1976 y durante la década de los ’90 (gobierno de Carlos Menem), son de una gravedad enorme atento a que nunca fueron eliminados sus principales lineamientos y a que contó y sigue contando con defensores e impulsores.

En este punto es importante destacar el “efecto pedagógico” de la dictadura y algunas de sus principales consecuencias: la exacerbación del individualismo, la negación de lo colectivo, la meritocracia, la insolidaridad, el sálvese quien pueda. Y en ese sentido una de las principales víctimas es el sindicalismo. No es casual la merma importante en los niveles de afiliación a los sindicatos en un contexto de estigmatización sistemática.

Por otro lado muchos sectores sindicales fueron y son funcionales a los intereses patronales constituyéndose en meros reguladores del conflicto. Lo que da prestigio es aparecer como dirigentes “prudentes”, “realistas”, “modernos” que no dudan en convertirse en sindicalistas empresarios llegando en algunos casos a ser patrones de sus propios afiliados.

En un mundo cada vez más desigual e injusto el rol de las organizaciones gremiales es fundamental en la defensa de los intereses de la clase trabajadora.

Lamentablemente vemos con preocupación conductas muy negativas por parte de importantes sectores de la dirigencia sindical. Están los sectores históricamente claudicantes y conciliadores, oficialistas de todos los oficialismos para quienes las y los compañeros son una carga molesta en la medida que reclamen, exijan o pretendan disputarles la conducción.

Pero también hay otros sectores que en épocas de gobiernos del mismo signo partidario renuncian a su rol de representantes de trabajadores para convertirse en meros apéndices sindicales del gobierno.

Estas últimas descripciones revelan la realidad de una parte mayoritaria del sindicalismo argentino que justifica cualquier política gubernamental. El resultado de las acciones de estos grupos es la indefensión de las y los trabajadores ante la consumación de violaciones a sus legítimos derechos.

Se impone entonces la necesidad imperiosa de replantearse un sindicalismo independiente del Estado, las patronales y los partidos políticos.

La independencia y unidad de clase es lo que posibilitará llevar adelante las iniciativas políticas que nos permitan, desde nuestra condición de trabajadoras y trabajadores, ser protagonistas de un proceso de transformación revolucionaria de la sociedad.


* Coordinador de la Corriente Sindical Carlos Chile, La Chile, en la Argentina. Integra la Coordinación continental del Encuentro Sindical Nuestra América, ESNA, y es Secretario general de la Federación Judicial Argentina, FJA.