La recuperación de la economía estadunidense y la política económica del gobierno de Joe Biden

Arturo Guillén

EEUU anticipa un boom económico tras la crisis del covid
Fuente: El Periódico

El mundo está saliendo de la peor recesión económica de su historia moderna, mientras la pandemia del coronavirus comienza a ser controlada en varios países gracias a los programas de vacunación. Sin embargo, si algo destaca es la profunda desigualdad social y entre las naciones, tanto en lo que se refiere a la recuperación económica como con respecto al control de la pandemia y la distribución de las vacunas.
En el flanco económico mientras que China y Estados Unidos, los dos principales centros económicos del globo, han registrado espectaculares repuntes, Europa y Japón aún se encuentran en recesión. La Zona Euro registra una recesión de “doble zambullida”, con dos trimestres consecutivos de decrecimiento (gráfica 1).

Gráfica 1

Fuente: Elaboración propia con datos de National Bureau of Statistics of China, Hong Kong Census and Statistics Department, BEA y Eurostat.

La distribución de las vacunas entre los países es un reflejo vívido de la injusta concentración del poder económico y político. El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, informó que más de 130 países no han recibido una sola dosis de las vacunas, y denunció que el 75% de las inmunizaciones aplicadas hasta el momento se ha concentrado en tan sólo diez naciones, todas ellas desarrolladas. (ONU, ONU noticias, 17 de febrero, https://news.un.org/es/story/2021/02/).
La recuperación de la economía estadounidense y de otras economías centrales ha sido impulsada, en gran medida, por los masivos y sin precedentes programas de estímulo monetarios y fiscales. En el caso de EUA, la Reserva Federal (FED) aceleró sus programas de “flexibilización cuantitativa”, que no es otra cosa que la creación de dinero de la nada mediante la compra de títulos públicos y de las grandes corporaciones, con el fin, se supone de estimular la inversión y el empleo. Los activos totales en manos de la FED se incrementaron casi al doble en el curso de la pandemia, al pasar de 4 billones de dólares (trillions) a comienzos de 2020 a 8 billones en la actualidad. A nivel global, lo que incluye a los bancos centrales de Estados Unidos, el Banco Central europeo, Japón y China, sus activos alcanzan la friolera de 29 billlones de dólares, contra 19 billones al comienzo de la pandemia (Yardeni, Edward (15 de junio del 2021), Central Banks: Monthly Balance Sheets. https://www.yardeni.com/pub/peacockfedecbassets.pdf). El presidente de la FED afirmó en marzo pasado que:
“Estamos desplegando estos poderes crediticios en un grado sin precedentes [y] … continuaremos utilizando estos poderes con fuerza, proactividad y agresividad, hasta que estemos seguros de que estamos sólidamente en el camino hacia la recuperación”(Brooking, 2021, What’s the Fed doing in response to the COVID-19 crisis? What more could it do? https://www.brookings.edu/research/fed-response-to-covid19/ , 30 de marzo).
Por su parte, la administración Biden logró la aprobación de un programa de estímulo fiscal por 1.4 billones de dólares, el cual incluye pagos por 1,400 dólares mensuales a la mayoría de los ciudadanos y un bono adicional de 600 dls. a quienes reciben el seguro de desempleo, lo que se viene a agregar a los apoyos aprobados por Trump. Este programa representa el 40% del presupuesto federal y el 9% del PIB Además, está a discusión en el Senado un ambicioso programa de infrestructura por 1.7 billones.
La infraestructura estadounidense se encuentra entre las más rezagadas de los países desarrollados. Las inversiones públicas en infraestructura han caído del 2,7% del PIB al 0,7%, mientras que China gasta tres veces más que EE.UU. 
El plan de infraestructura se divide en cuatro grandes paquetes. El primero se refiere a  infraestructuras “clásicas” como carreteras, puentes, etc. (621,000 millones de dólares). Otros 165,000 millones irían para el transporte público, y a otros rubros relacionados. Un segundo paquete de alrededor de 400,000 millones estaría destinado a la “infraestructura humana” o de “cuidados”. El tercer gran monto va para la lucha contra el cambio climático. El último paquete concierne a la competición geoeconómica y geopolítica. Una parte importante de éste se centra en inversiones en I+D (180,000 md) para mantener la posición de líder en innovación tecnológica (Real Instituto Elcano, 2021, “El plan de infraestructuras de Biden: qué, cómo, por qué y contra quién”, 24 de abril, https:/blog.realinstitutoelcano.org).
La política de Biden para enfrentar la crisis contrasta con las políticas seguidas por sus antecesores. Si bien utiliza mecanismos similares como los programas monetarios de flexibilización cuantitativa y recupera la política fiscal como mecanismo contracíclico, se distingue de ellos tanto en la magnitud de los estímulos como en la orientación de los mismos. Se trata de un programa de clara orientación keynesiana enfocado a estimular el consumo privado y la inversión pública. En la gráfica 2 se ofrece una comparación de las magnitudes del programa de Biden en relación con los de Obama y con los aplicados por Rooselvet en el transcurso de la Gran Depresión de los treinta. Como se puede observar, su monto es superior al autorizado por Obama despúes de la crisis global de 2007-2008 e incluso superior al de Roosevelt. Pero a diferencia del programa de rescate de Obama que se concentró en el salvamento de las instituciones financieras y de las grandes corporaciones, el actual programa se enfoca preferentemente a compensar las pérdidas de ingreso del ciudadano medio.
El programa económico de Biden enfrenta grandes obstáculos. Las contradicciones entre el Partido Republicano y el Partido Demócrata lejos de haberse atenuado con las elecciones presidenciales, se han acrecentado. En realidad, Estados Unidos es un país profundamente dividido desde hace muchos años. Las contradicciones se exhiben en el plano económico, pero también en el terreno político, tal como se ha patentizado en los cambios impulsados en varios Estados gobernados por republicanos para restringir los derechos de los electores. Estas acciones y otras como el asalto violento al Capitolio ejecutado por activistas de ultraderecha e incitado por Trump, han encedido las alarmas. R. Reich, exsecretario del Trabajo de Clinton. advierte que la democracia estadounidense está en peligro.
“La democracia – afirmó – está enfrentando una crisis existencial. La desigualdad e injusticia están bajo ataque. Y las fuerzas del fascismo se están reorganizando. Si no actuamos ahora para proteger la democracia, temo que podemos perderla para siempre durante la próxima década (2021, citado por Brooks, “American Curious”, La Jornada, 7 de junio, https://www.jornada.com.mx/2021/06/07/opinion/027o1mun).

Fuente: Tomado de Sánchez-Vallejo María Antonia, (20 de marzo del 2021). Biden se viste de Roosevelt. El País. https://elpais.com/economia/2021-03-21/biden-se-viste-de-roosevelt.html

Las diferencias no solo existen entre demócratas y republicanos, sino tambien en el seno de cada partido. En el partido demócrata coexisten un ala moderada dominante en el Ejecutivo, vinculada al gran poder económico, y un sector progresista identificado con los intereses de los trabajadores y de las minorías raciales y sociales: negros, latinos, el feminismo, la comunidad gay, etc. Por su parte entre los republicanos, predomina un sector, al parecer mayoritario, nacionalista, xenófobo y facistoide identificado con Donald Trump, al lado de un sector minoritario también de ideología conservadora, pero más articulado con el llamado “Estado profundo” (deep state).
En el momento actual la confrontación se centra en el Senado en torno al programa de infraestructura propuesto por Biden. Mientras Biden insiste en la idea de lograr un acuerdo bipartidista aunque éste implique renunciar a ciertos objetivos del programa, los republicanos en bloque han rechazado aprobarlo. Proponen reducir su monto casi a la mitad, lo cual no ha sido aceptado por la Casa Blanca. El sector progresista y otros demócratas han señalado que es mejor olvidarse de las negociaciones en el Senado y avanzar por su propia cuenta. Los opositores al programa consideran que el plan es demasiado ambicioso y que la expansión del gasto público y del déficit que involucraría su aplicación llevaría a detonar la inflación. Además se oponen tajantemente a la propuesta del gobierno de elevar los impuestos a las corporaciones del 21% al 28%.
El eventual impacto inflacionario de los programas de estímulo ha suscitado un amplio debate. El pensamiento conservador y monetarista considera que el costo inflacionario será alto. Incluso economistas identificados como heteredoxos como L. Summers, piensa que el enemigo a vencer ahora no es la deflación sino la inflación, y que existe el el peligro de entrar en una etapa de “estanflación” similar a la de los años setenta, cuando la tasa de inflación alcanzó el 20%. Se inclina igualmente porque la FED realice un giro en la política monetaria para contener las presiones inflacionarias (CNN, htpps://edition.cnn.com/2021/05/12). En sentido opuesto, el Nobel de Economía, P. Krugman, no cree que el repunte inflacionario sea duradero, ni piensa que el contexto sea parecido al de los 70’s. Esta posición es compartida por el responsable de la FED, J. Powell y la Secretaria del Tesoro, Y. Yellen, quienes se resisten a disminuir los estímulos y a modificar el rumbo de las políticas macroeconómicas.
Es cierto que la inflación ha repuntado en la mayoría de los países, en mayo los precios al consumidor en EUA aumentaron a una tasa anualizada del 5%, muy por encima del 1.4% registrado en 2020. Sin embargo, coincido en que el contexto es muy diferente al de los años setenta y que el repunte de precios sería transitorio. Las alzas actuales de precios son el resultado combinado de un choque de oferta que provocó el confinamiento y un choque de demanda vinculado a la demanda diferida durante la pandemia y a los impactos de los estímulos. Ambos choques tenderán a atenuarse conforme se extienda la vacunación, se eliminen las restricciones a la movilidad y se vayan retirando los estímulos.
El problema principal más bien está en otro lado. La creación formidable de dinero fiduciario no se he traducido en una mayor inversión, sino que se está trasladando a la esfera financiera y está generando una nueva burbuja financiera, una nueva explosión de capital ficticio y de sobrenedeudamiento, que tarde o temprano estallará en una crisis de deuda-deflación, como las que han acompañado al capitalismo desde la década de los ochenta.