Pandemia, Crisis Capitalista y Nuestra América

Gabriela Roffinelli* y Anibal García
Fernández**

América Latina y los efectos del “capitalismo colonial” | Izquierda Web  Costa Rica

La variante Delta de la COVID-19, cobra fuerza entre otras variantes y según la OMS, está presente en al menos 70 países del mundo. Según Soumya Swaminathan, “se está volviendo más prominente y dominante en algunas partes”. A mediados de junio, en África los contagios aumentaron un 52% y las muertes 32% en una semana. En Estados Unidos, la variante Delta, combinada con una baja vacunación, provocó en una semana un alza del 70% en contagios, respecto a la primera semana de julio, y un 26% de incremento en muertes. En Rusia, la misma variante, provocó en un día 107 decesos en San Petersburgo, algo no visto desde el inicio de la pandemia. A nivel nacional, Rusia registró un pico de 619 fallecimientos en 24 horas. Situación similar viven países como Túnez, Zambia, Uganda, Namibia y Sudáfrica que concentran poco más del 70% de los casos en África a mediados de junio. Sudáfrica es muestra del escaso acceso a vacunas, pues apenas ha vacunado al 0.79% de su población, sin acceso a suministros médicos, escasez de concentradores de oxígeno y sistemas de salud reducidos.
Sin embargo, la variante por sí sola no explica el incremento, también está asociada a condiciones sociales, a la reticencia de cierta parte de la población a vacunarse, a una concentración de las vacunas, al hacinamiento de poblaciones enteras, falta de condiciones salubres, y desde luego, los reducidos sistemas de salud en varios países.

Disparidad en el avance de la vacuna

Ante el avance de la pandemia y de la variante Delta, que pone a prueba la efectividad de las distintas vacunas, el sistema COVAX, al cual se adhirieron países de América Latina y África sigue siendo insuficiente. Según Ann Danaiya en un artículo de la revista The Lancet, COVAX terminó dependiendo de “la voluntad de los países ricos” y ha enviado sólo un tercio de las vacunas que predijo entregaría a mediados de 2021, lo que mantiene la concentración de las vacunas en pocos países (https://cutt.ly/UQoP3Tg). Y sólo 2 de 69 países de ingresos bajos y medianos bajos, alcanzaron a vacunar al 20% de su población.
Como se ha informado en anteriores entregas, diez países siguen concentrando más del 74% de las vacunas (ver Cuadro 1). Mientras que Europa concentra (inequitativamente al interior) el 15% de las vacunas puestas en el mundo y el 29% de muertes por COVID-19, Sudamérica y África apenas tienen el 6.4% y 1.6% de dosis, respectivamente.

COVAX terminó dependiendo de “la voluntad de los países ricos” y ha enviado sólo un tercio de las vacunas que predijo entregaría a mediados de 2021


Y, por si fuera poco, las condiciones sociales de reproducción de la vida se agravan en un capitalismo en crisis. En un minuto, los países de renta alta, suministran en promedio 60 vacunas. En el mismo tiempo, once personas están muriendo de hambre y malnutrición en el mundo. Este ritmo, supera incluso la tasa de mortalidad de COVID-19, que según OXFAM, es de siete personas por minuto. (https://cutt.ly/hQoRWIC)

Crisis del capitalismo y Nuestra América

Ante la pandemia de la COVID-19 el orden capitalista no tiene respuestas que estén a la altura de la catástrofe humanitaria. La lógica de la valorización y de la rentabilidad solo busca hacer buenos negocios con las vacunas e insumos médicos. Paradójicamente, parece que debemos demostrar(nos) que constituye una aberración que la salud humana se convierta en un negocio de las grandes corporaciones globales.
Los pueblos necesitan que los recursos públicos (que mayormente a través de los mecanismos de endeudamiento van a parar a manos de las corporaciones financieras globales) se vuelquen al desarrollo de las investigaciones médicas, así como, que el acceso a la atención de la salud se convierta en un derecho humano universal, no solo para terminar con la pandemia de la COVID-19, sino para erradicar múltiples enfermedades que hoy azotan a las poblaciones empobrecidas. Por ejemplo, múltiples enfermedades infecciosas –en su mayoría transmitidas o producidas por parásitos, bacterias o virus– no reciben recursos para desarrollar investigaciones y medicamentos porque afectan a poblaciones pobres que viven en condiciones precarias, sin acceso a agua, a saneamiento, en barrios marginales de las grandes ciudades de los países dependientes.
Avanzadas dos décadas del SXXI, el paludismo produce el 40% de los fallecimientos perinatales y el 25% de las muertes maternas en Angola o el Chagas causa la muerte en promedio de 14.000 personas al año y tiene presencia en 21 países de América Latina, simplemente porque estas enfermedades constituyen un mal negocio para las corporaciones farmacéuticas.
Por otro lado, la pandemia del coronavirus no es un factor exógeno, sino que es consecuencia de la lógica de valorización que convirtió a las fuerzas productivas en fuerzas destructivas de la naturaleza y que avanza sobre las conquistas sociales históricas, como el acceso a la salud pública, gratuita y de calidad. Valorización que se realiza con prácticas productivas contaminantes que llevan a la destrucción del medio ambiente y ponen en peligro la propia vida humana en el planeta.
La economía mundial capitalistas atraviesa una crisis estructural que recae sobre las espaldas de las grandes mayorías laboriosas mundiales. Dado que no se trata de una mera crisis coyuntural o cíclica, sino de una crisis estructural de las relaciones sociales capitalistas, que no logran superar el largo período recesivo y retomar un nuevo periodo expansivo con altas tasas de rentabilidad. La gran crisis de la economía capitalista global abierta en 2007/2008, que se vincula con la crisis de los 70 del siglo pasado, no había terminado y estaba cerca de un nuevo estallido antes de la llegada de la COVID-19. La crisis económica en curso es una verdadera crisis civilizatoria del orden social del capital.
La agudización de la crisis solo hace prever escenarios pos pandémicos de transformaciones productivas que implican una mayor explotación de las clases asalariadas y campesinas, expoliación de los bienes comunes, restricciones de derechos sociales y democráticos de los pueblos y el reforzamiento de los aparatos represivos en los países. Las fuerzas sociales aliadas del imperialismo, las denominadas nuevas derechas y los neofascismos son las expresiones de este avance en Nuestra América.

la pandemia del coronavirus no es un factor exógeno, sino que es consecuencia de la lógica de valorización que convirtió a las fuerzas productivas en fuerzas destructivas de la naturaleza


En plena pandemia de COVID-19, se reunieron en Miami algunos presidentes, expresidentes y funcionarios de gobiernos de derecha latinoamericanos en pos de mostrarse unidos y con una estrategia contra la revolución cubana y los gobiernos y movimientos progresistas de la región. El encuentro fue convocado por el Instituto Interamericano para la Democracia (IID), cuyo director, Carlos Sánchez Berzaín, que está condenado por masacres en Bolivia a principios del siglo, manifestó: “En el siglo XXI en vez de tener democracias hemos llegado a tener hasta 5 dictaduras Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador de Correa y gobierno para dictatoriales en Argentina y México”. (https://cutt.ly/ZQhvJlz)
Más allá de las intenciones del poder imperialista, la movilización social en Nuestra América persiste frente a los ajustes y autoritarismos, como en Colombia, Chile, Haití y otros países. La pregunta es si podrá organizar una fuerza social popular que impulse un proyecto alternativo, igualitario, solidario, internacionalista. Y que sobre las bases de una democracia amplia que organice sociedades que no se constituyan sobre los intereses de la propiedad privada y el capital, sino en la defensa de la vida humana y del planeta en la perspectiva de iniciar así una transición socialista.

* Argentina, co-coordinadora del GT Crisis y Economía Mundial. Investigadora de la Fundación de Investigaciones Sociales y Politicas (FISyP) y miembro de SEPLA
** México, GT crisis y Economía Mundial y Antimperialismo: Perspectivas Transnacionales en el Sur Global. Estudiante del Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM.