LA POLITICA EXTERIOR DE LA ADMINISTRACIÓN BIDEN

Arturo Guillén*

Fuente: Alainet

La actual administración estadounidense, encabezada por el demócrata Joe Biden, ha efectuado cambios importantes en materia de política interna y de política económica que podrían ser calificados como progresistas (Arturo Guillén. “La recuperación de la economía estadounidense y la política económica de Joe Biden. Nuestra América XXI: Desafíos y alternativas, núm. 57, julio 2021). Sin embargo, no sucede lo mismo en materia de política exterior. En este terreno no sólo se mantiene la política imperialista en los términos definidos por sus antecesores, sino que se recrudecen las represalias y las sanciones en contra de las naciones definidas como enemigos: China, Rusia, Irán, Siria, Corea del Norte, Cuba, Venezuela y en general los países que defienden su soberanía política y mantienen políticas diferentes a las enarboladas por las potencias occidentales.

La dominación global estadounidense siempre ha requerido de la existencia de enemigos externos, reales o inventados. En el periodo de la “Guerra Fría” y de la partición del mundo en dos bloques, el enemigo era el comunismo, y en su nombre se erigió una formidable economía de guerra que mantiene al mundo en el borde del holocausto nuclear. Con el derrumbe de la Unión Soviética en 1991 y, sobre todo, a partir del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, el enemigo fue el terrorismo, etiqueta que engloba tanto a los grupos terroristas islámicos, como los cárteles internacionales de la droga o los Estados nacionales definidos como “fallidos”.

Desde hace medio siglo, Estados Unidos ha experimentado un proceso oscilante, pero innegable hacia la declinación de su hegemonía mundial y hacia la emergencia de un orden internacional multipolar. Este proceso se profundizó con la crisis global que comienza en 2007, y continúa hoy en el marco de la llamada “crisis del COVID”. China se ha convertido en el epicentro de la economía mundial, pues ostenta el liderazgo en materia económica y comercial y compite con éxito en innovación científica y tecnológica.

Es común en los medios occidentales presentar a China como la segunda potencia mundial, detrás de Estados Unidos. En realidad, si se compara a ambas potencias mediante el PIB total en términos de PPP (paridad de compra de las monedas), es decir, descontando los efectos distorsionadores de los tipos de cambio, China rebasó a Estados Unidos desde 2013. En 2020, el PIB conjunto de China y China Hong-Kong representaba el 18.7% del PIB mundial, mientas que Estados Unidos alcanzaba el 15.1% (véase gráfica 1). La brecha tiende a ampliarse en favor de la potencia asiática, en virtud de que controló mejor la pandemia del Covid y su economía se está recuperando a mayor velocidad que la estadounidense (véase cuadro 1).

Cuadro 1. Crecimiento del PIB (% interanual )
AñoChinaEUJapónZona Euro
2020- I-6.8-5-2.2-3.7
2020-II3.2-31.4-28.1-11.7
2020-III4.933.422.912.4
2020-IV6.5412.7-0.6
2021-I18.36.4-3.9-0.3
2021-II7.96.5N/D2
Fuente(s): National Bureau of Statistics of China, Hong Kong Census and Statistics Department, BEA y Eurostat.  

Fuente: Elaboración propia con datos de World Economic Outlook database, IMF.

* Incluye Hong Kong

China es, con mucho, el principal centro acreedor del mundo. En 2020 registró un superávit comercial de 535 mmd, lo que representa el 3.6% de su PIB. China se ha convertido en el principal exportador de capital en forma de inversión extranjera directa (IED). Según datos de la UNCTAD, en 2020, y aún en el marco contraccionista de la crisis, los flujos de salida de IED de China superaron a los de Estados Unidos y a los de cualquier otra potencia capitalista. Estos alcanzaron 133 miles de millones de dólares (mmd), por encima de los 116 mmd registrados por Japón y de los 93 mmd registrados por Estados Unidos. Si se incluyen los flujos de salida de IED de Hong Kong-China, las exportaciones de capital chinas se elevan a 235 mmd, más dos veces y media los flujos estadounidenses.

La amenazada hegemonía financiera estadounidense se mantiene por la dominación que todavía ejerce sobre los mercados financieros, lo que le permite seguir al comando de la emisión y circulación de capital ficticio, la cual garantiza al capital monopolista-financiero la apropiación de abultadas rentas monopólicas, a la vez que permite la  preservación de la centralidad de un dólar debilitado en el sistema financiero internacional. EUA conserva además la supremacía militar, aunque las distancias con sus rivales chino y ruso se han acortado. Por añadidura, las llamadas “guerras perpetuas” han desembocado en fracasos rotundos. La desordenada retirada del ejército estadounidense en Afganistán después de 20 años de intervención hacen recordar la huida de Saigón al triunfar la revolución de Vietnam, y prefiguran el probable destino de su presencia en el Medio Oriente.

La emergencia de China como principal centro económico del mundo ha motivado que Estados Unidos la considere la mayor amenaza a su hegemonía global y la coloque como el enemigo principal, en el marco de su política exterior y de su política comercial. Esta posición antichina es la dominante en la política exterior estadounidense desde la administración de B. Obama y se recrudeció durante el gobierno de D. Trump, quien bajo la divisa de “America First”, aplicó severas represalias comerciales, las cuales siguen vigentes.

J. Biden ofreció en su campaña electoral revisar su política exterior. Entre sus principales objetivos está el regresar al multilateralismo. Por ello decidió fortalecer sus alianzas con las potencias occidentales de la OTAN, regresar al Acuerdo de París y a la Organización Mundial de la salud (OMS) y reintegrarse al acuerdo nuclear con Irán. Sin embargo, se trata de un multelateralismo tramposo, que no significa la búsqueda de un orden multipolar democrático,  sino de la realineación con sus aliados históricos occidentales para confrontar y aislar a China, Rusia y a los países que EUA considere antidemocráticos porque no “cumplen” con los estándares estadounidenses (Saxe Fernández, John, “Grave ofensiva imperial”. La Jornada, 29 de julio de 2021).

En relación con China, el gobierno de  Biden sostiene la línea agresiva de Trump, enfocando su ofensiva en una supuesta defensa de la democracia y la libertad que hipócritamente EUA dice representar y encabezar. En la agenda de política comercial 20201 emitida por la Casa Blanca se señala que:

“La Administración Biden reconoce que las prácticas comerciales coercitivas e injustas de China dañan a los trabajadores estadounidenses, amenazan nuestra ventaja tecnológica, debilitan la capacidad de recuperación de nuestra cadena de suministro y socavan nuestros intereses nacionales. Abordar el desafío de China requerirá una estrategia integral y un enfoque más sistemático que el enfoque fragmentado del pasado reciente […] La Administración de Biden se compromete a utilizar todas las herramientas disponibles para enfrentar la gama de prácticas comerciales desleales de China que continúan perjudicando a los trabajadores y empresas estadounidenses […] También hará que una de las principales prioridades sea abordar los abusos generalizados de los derechos humanos del programa de trabajo forzoso del gobierno chino, el cual tiene como objetivo a los uigures y otras minorías étnicas y religiosas” (White House, 2021. Trade Policy Agend).

Esta posición ha sido refrendada por el Departamento de Estado, quien considera que China quiere presumiblemente cuestionar el “orden internacional abierto” que supuestamente rige en en la actualidad.

“[…] El desafío que plantea China- afirma- es diferente. China es el único país con el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para desafiar seriamente el sistema internacional estable y abierto: todas las reglas, valores y relaciones que hacen que el mundo funcione de la manera que queremos, porque en última instancia sirve los intereses y refleja los valores del pueblo estadounidense”. Y advierte que:

“Nuestra relación con China será competitiva cuando deba ser, colaborativa cuando se pueda y contradictoria cuando deba ser. El denominador común es la necesidad de involucrar a China desde una posición de fuerza ” (https://www.state.gov/a-foreign-policy-for-the-american-people/)”.

La creciente rivalidad entre China y Estados Unidos no sólo es comercial o tecnológica, sino que tiene un fuerte contenido geopolítico y trastoca las alianzas entre las potencias, así como la alineación de los países periféricos con esos bloques.

Como se dijo arriba, el regreso de Estados Unidos al multeralismo con Biden, lejos de impulsar la creación de un sistema internacional multipolar basado en reglas uniformes y consensuadas, conduce a la fragmentación y a la división del mundo en dos bloques confrontados. Por un lado las potencias occidentales y sus aliados, bajo la dudosa bandera de representar “la libertad y la democracia” y, por otro lado, Rusia y China junto a los países juzgados desde Occidente como autoritarios o dictatoriales. ¡El choque de las civilizaciones prefigurado por S. Huttington! En un documento elaborado por la Casa Blanca intitulado Proclamación en la semana de las naciones cautivas(https:www.whitehouse.gob/briefing-room/presidential-actions/2021/07/16), Estados Unidos se autoproclama como la democracia “más fuerte y duradera del mundo”, por lo que se abroga “la responsabilidad de liderar en casa y en el extranjero, no sólo con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder del ejemplo”.

En suma, la politica exterior estadunidense impulsada por Biden es tan agresiva e imperial como la practicada por sus predecesores. Si bien ha abandonado la política unilateral seguida por Trump y ha retornado  a algunos organismos e iniciativas multilaterales, su slogan de que “América está de regreso” (America is back) significa, como ya se dijo, un multilateralismo excluyente y agresivo, orientado a preservar su hegemonía, mediante el acoso a China, Rusia y aliados. China continúa siendo considerado el “enemigo principal” y las confrontaciones con el gigante oriental no solamente siguen vivas, sino que se han agudizado más que en la era de Trump, como reconoce el diario The New York Times (https://www.nytimes.com/2021/07/20/world/asia/china-biden.htm). Las represalias comerciales no se han eliminado sino que se han recrudecido y los peligros de roces militares en el Mar de China se acrecientan. Estados Unidos ha fortalecido sus lazos con sus aliados asiáticos de Japón, Corea del Sur e India para trazar una política común de aislamiento de China, a la vez que fortalece militarmente a Taiwán y se entromete en los asuntos internos de China al apoyar abiertamente al movimiento opositor de Hong-Kong.


* México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesor-investigador de la UAM-X.