EL CURSO DE LA CRISIS

La pandemia agrava la crisis de la industria en el área metropolitana |  Cataluña | EL PAÍS
Fuente: El País

Julio C. Gambina*  

La pandemia del COVID19 sorprendió y agravó la crisis del capitalismo y sus visibles episodios previos, los del 2001 estadounidense, y más aún, del 2007 al 2009, con la gran recesión y la tendencia agudizada a la ralentización de la economía mundial, potenciada en tiempos pandémicos en 2020/21. América Latina y el Caribe sufrieron consecuencias gravísimas explicitadas en sus indicadores sociales más relevantes, del que dan cuenta los organismos internacionales, especialmente la CEPAL. La región, con un 8% de la población mundial acusa contagios y muertes por coronavirus cercanos al tercio de los afectados en todo el mundo. En reciente informe se confirma una caída del -3,2% para la economía mundial, del -4,5% para las economías avanzadas, mientras que para América Latina y el Caribe, el registro es -6,9 por ciento.

Al mismo tiempo, se reconoce una recuperación diversa según los países y si bien EE.UU. y China despliegan datos de recupero económico para el 2021, la situación es muy diferente para el conjunto de los países. Es más, la recuperación de las cuentas nacionales no significa equidad económica y social, ya que se confirma el crecimiento de la desigualdad. En efecto, en el reciente informe del Credit Suisse, se presenta la elocuente figura de la pirámide sobre la apropiación de la riqueza en el mundo, en pleno desarrollo de la pandemia. Podemos ver la inequidad del sistema mundial, con una amplia base, en donde el 55% de la población adulta del mundo, 2.879 millones de personas, se apropian solo del 1,3% de la riqueza mundial, valuada en 5,5 trillones de dólares. Por el contrario, en la cúspide de la pirámide, el 1,1% de la población adulta, unos 56 millones de personas, se apropian del 45,6% de la riqueza total, unos 191,6 trillones de dólares. Más aún, entre el primero y el segundo tramo de mayor concentración, el 12,2% de la población adulta mundial se apropian del 84,9% de la riqueza total. Estos son los datos del “capitalismo realmente existente”.

Es solo una muestra palmaria del impacto de un orden civilizatorio que profundiza la desigualdad, con la concentración de riqueza, ingresos y poder en muy pocos capitales transnacionalizados y un amplio espectro de explotados y dominados por la lógica de la explotación y el saqueo. Las corporaciones trasnacionales actúan en una dinámica de profundización de la universalización del capital, desafiando fronteras y límites que históricamente establecían los Estados nacionales y sus configuraciones regionales. Al mismo tiempo presionan por la liberalización que favorezca la libre circulación del movimiento internacional de capitales, limitando los derechos económicos y sociales conquistados por la lucha de trabajadoras y trabajadores. Por ello incorporan como demanda global o programa de máxima, el impulso a reaccionarias reformas laborales, previsionales y/o tributarias, favoreciendo la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. Así, tratan de intervenir en las legislaciones nacionales con una prédica universal para disminuir y si se puede, eliminar derechos y conquistas sociales históricas del movimiento obrero y popular, incluida la restricción a la jornada laboral.

Por eso no sorprende que la CEPAL informe el fuerte impacto sobre el empleo y los salarios, situación convergente con los registros de la OIT en su documento sobre tendencias hacia el 2021, de junio 2021. En ese documento de la OIT se señala: “[…] que en 2020 se perdió el 8,8 por ciento del total de horas de trabajo, el equivalente a las horas trabajadas en un año por 255 millones de trabajadores a tiempo completo.” La OIT enfatiza en el crecimiento de la informalidad en el empleo, reconociendo que es una situación que afecta a dos tercios de las trabajadoras y los trabajadores del mundo. El fenómeno se cuantifica en 2.000 millones de personas para una población económicamente activa de poco más de 3.200 millones, sobre un total de población adulta, apenas arriba de 5.500 millones de personas. Por su parte, la CEPAL, en el informe referido da cuenta del mayor impacto en la región latinoamericana y caribeña, de la caída del PIB (-6,8%) y del nivel de ocupación (-9%), mientras que el PIB mundial registró una reducción del -3,2% para el 2020 y respecto de la ocupación, la merma fue del -3,5% en el promedio global.

Las políticas en pandemia, en todo el mundo, favorecieron la ofensiva del Capital contra el Trabajo, la Naturaleza y la Sociedad. La vía y el programa inmediato se despliega desde la creciente DIGITALIZACIÓN y la tecnología asociada a internet, que empuja una reorganización económica que excluye a millones de pobres sin “accesibilidad” a equipos, energía o a condiciones de vida adecuadas para el trabajo remoto o a distancia; tanto como a mujeres, a quienes el “tele-trabajo” condena con mayor tiempo de trabajo gratuito dedicado a “los cuidados” de la familia. Por eso la recuperación económica no es general, para toda la población, sino que tiene beneficiarios y condenados a la explotación, la exclusión y la miseria.

En ese sentido no debe sorprender el retorno de la inflación como problema de nuestro tiempo, el que se verifica con el repunte económico, más allá de los matices por países, el privilegio a la recomposición de las ganancias y un rezago en los ingresos populares. La inflación resulta expresiva del poder del capital sobre le trabajo y el conjunto de la sociedad. Las pérdidas derivadas de la caída económica del 2020 intentan ser recuperadas por vía de aumentos de precios, algo que el movimiento obrero debilitado no puede contrarrestar, salvo en contados casos. La inflación es parte de la lucha de clases, como el conjunto de iniciativas políticas que intervienen para superar la crisis. De un lado se presenta el programa de liberalización de la economía, con más ajustes y reaccionarias reformas. Por otro lado, existen propuestas que intentan recrear las políticas de “pacto social” que emergieron ante la ofensiva de la clase obrera y el socialismo hace un siglo. Estas, son propuestas ilusorias ante la fortísima ofensiva del capital, vigente desde hace medio siglo con las dictaduras del Cono Sur de América. La expectativa de los pueblos se asienta en un rumbo de carácter alternativa, en contra y más allá del capitalismo, recreando un imaginario que nos devuelve la persistencia de la revolución cubana y los proyectos de reconstrucción de una estrategia liberadora para los pueblos de Nuestramérica y del mundo.


* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, presidente de la FISyP, vicepresidente de SEPLA